Le conocí de adolescente, cuando los urreanos nos ganaban al fútbol en el Cerrao y luego todos juntos nos bañábamos en la acequia. Luego, las coincidencias fueron constantes y buenas, fiestas de los pueblos y andanzas por Zaragoza… qué tiempos, Félix. Los de hoy, cuando nos juntamos, disfrutamos y recordamos, también los hacemos buenos.
Cuando ya tuvimos que tomar decisiones más importantes, como la de qué íbamos a hacer con nuestras vidas, él decidió quedarse en su pueblo. Eligió quedarse cuando otros decidimos lo contrario, apostó por su pueblo y creo que su pueblo, con él, salió ganando.
Tozudo, como buen aragonés, amigo de sus amigos, sincero y siempre generoso.
El día 13 de agosto tuvo que salir al balcón a decirles unas palabricas a los de su pueblo (porque ellos decidieron que fuera su PREGONERO DE FIESTAS), y a algunos más que no quisimos perdernos ese momento, y entre alegrías, nervios, lágrimas y emociones, le salió muy bien, dijo lo justico y hasta los de abajo nos emocionamos.
Dio gracias a su pueblo por el cariño hacia él y su familia y dijo más cosas. Que en tantos años hubo días mejores y peores. Recordó a los comerciantes que le precedieron. Dijo que detrás de cada tienda, bar, pequeño negocio, etc. hay una historia y ganas de vivir y que cuando alguno se pierde, con él se pierde no solo la historia, sino lugares donde encontrarse, hablar y compartir la vida. Reclamó ayuda para quienes deciden, como hizo él en su día, quedarse, emprender y trabajar en y por su pueblo. Dio nombres que, desde la nostalgia y hacia el futuro, nos muestran la trayectoria de un pueblo: Jesús, Maruja, Galindo, María, Victorian, Yasmina, para algunos son solo eso, nombres, pero para cada urreano son parte de su historia, de sus vivencias, de su pueblo. Y terminó animando a enorgullecerse de lo que tiene su pueblo, de celebrarlo y, sobre todo, resaltó que se tienen unos a otros, en una muestra clara de cómo sintió y siente Félix a su pueblo, porque por su forma de pensar, de ser y de vivir, los urreanos siempre lo tuvieron y tendrán para lo que haga falta, qué suerte la suya.
Felicidades, Félix, y como dijo aquel cantante urreano: ¡Viva Urrea de Gaén, viva San Roque y su perro!… Y tú, Capazo.
Pascual Ferrer


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