No sé si han percibido que los que se han autonombrado como salvaguardas de la libertad y la patria tienen, cada día que pasa, menos ganas de hablar de la guerra en Oriente Próximo. También como salvadores del campo español, supongo que estarán preparando una buena retahíla de explicaciones para cuando, si no cambia la situación, el combustible suba hasta topes nunca antes vistos; eso sí, explicaciones contra Sánchez, por supuesto no contra Trump y Netanyahu, no porque hayan llevado al mundo a un conflicto en el que hasta un niño mirando un mapa se iba a percatar de las terribles consecuencias de todo tipo, pero en este caso especialmente para el precio de algo tan básico y fundamental como el combustible que mueve la economía de cualquier país. Muero de ganas, y lo digo sin sorna, de ver a los Feijóo y Abascal diciendo que esto es por las mujeres iraníes, que los iraníes cuelgan homosexuales en grúas y que ellos están tan preocupados por esos asuntos como sus amos.

Van a traspasar los límites de los malabarismos de la indecencia, en lugar de reconocer la verdad: que su seguimiento absurdo a Trump no tiene ningún sentido, que Trump no tiene ningún plan, que nos ha metido a todos en un brete con su chapuza, que no podemos seguir a un tipo que está haciendo negocios con la muerte y a otro que es un genocida. A Trump ahora hay que decirle que ha ganado la guerra, aunque Irán esté atacando más objetivos que nunca, aunque su programa nuclear deba ser indestructible, porque se supone que ya lo han destruido como cinco o seis veces, aunque siga el mismo régimen, aunque tengan bloqueado Ormuz, pero hay que decirle a Trump que ha ganado, para que con un poco de suerte termine toda esta pesadilla antes de que las consecuencias sean irreversibles.

Pese a todos los ataques iraníes, ningún país de su alrededor le ha declarado la guerra; saben que si Estados Unidos se da la media vuelta, quedarán abandonados a su suerte, pero en cambio aquí, en Europa y en España, tenemos políticos que por ir contra Sánchez creen que es mejor apoyar esta locura. Lo cual no quita decir que, como todo lo que hace Sánchez es por electoralismo, no por convicción, pero ¿tan difícil es ser objetivo? ¿Tan difícil es reconocer que Trump no respeta a sus aliados, que ha amenazado con tomar militarmente Groenlandia, que ha ido a una guerra sin consultar a nadie, pero ahora sí que quiere que todos vayamos detrás?

Hay que ser leales con nuestros aliados, pero si tienes un amigo que te escupe, que te amenaza, que va por ahí iniciando peleas que no puede ganar y ahora quiere que le ayudes, igual es que no es tan buen amigo como te esperabas, igual es que ha llegado el momento de cerrar filas y reconocer que no hay nadie al volante, que no hay estrategia y que no estamos obligados a hundirnos todos hasta el fondo del mar.

Víctor Puch