
Esta semana nos ha dejado Néstor Fontoba. Una pérdida sentida no solo por su esposa, Mari Carmen, sus hijos y el resto de su familia, sino por toda la sociedad caspolina. Porque Néstor, «el de la radio», formaba parte de nuestras vidas.
Lo ficharon para dirigir una nueva emisora, SER Caspe, y desde el principio, desde aquel ya lejano 1990, fue capaz de convertir el estudio de la calle Mayor en una atalaya abierta a todo tipo de colectivos (siempre que estuvieran dispuestos a subir aquellas puñeteras 72 escaleras, como él solía recordar). No tengo duda alguna en cuanto a que la historia reciente de Caspe, el tránsito del siglo XX al XXI, hubiera sido mucho peor sin Néstor. Sobre todo, políticamente hablando. Porque Néstor Fontoba no era un periodista al que le gustara hacer sangre. Más bien al contrario, todos los representantes de los grupos políticos locales se sentían como en casa cuando visitaban su estudio. Durante dos décadas contagió de su carácter a las emisiones; si estaba cabreado por algún tema, lo aparcaba en el momento en el que se ponía los cascos y se lanzaba a las ondas. Como él mismo declaró al ser entrevistado por El Agitador (mayo de 2012), «siempre procuré buscar el lado positivo para no crear tensiones ni alarmas entre los oyentes».
Tuvo una virtud poco valorada: cuando había un tema candente en Caspe, algún asunto de rabiosa actualidad, entendía que eso era lo que realmente interesaba a los oyentes, paraba todo lo que no era urgente, y dedicaba a ese asunto toda la hora que iba desde el final de las noticias de las 13:00, hasta la siguiente conexión con Madrid, la de las 14:00 horas.
En fin, a Néstor lo queríamos tal y como era, con sus despistes incluidos. El día en el que su voz dejó de colarse en nuestras casas, lo sentimos de veras.
Luego vino su etapa política. No me duelen prendas en reconocer que en aquellas elecciones locales voté al PP porque él iba para alcalde. No solo porque fuera mi amigo, sino porque creí que a la política local le vendría muy bien el carácter pacificador y constructivo de Néstor.
Y cuánta paciencia tenía. Con 16 años recién cumplidos me reclutaron para hacer de locutor de los 40 Principales, que era lo que se emitía por las ondas de SER Caspe por las tardes. Confieso que, conmigo, Néstor ejerció un poco de padre durante algo más de una década. Apenas renegaba cuando casi había más gente en el estudio radiofónico que en la plaza de España. El Loco de la Rigüela, Vitamina Digital, aquellas cuñas publicitarias… en fin, extravagancias radiofónicas no faltaron. Pero todas eran recibidas por Néstor entre sonrisas.
Fue siempre un tipo comprometido con su pueblo. Amante de la cocina y de la naturaleza, antes de ser director de SER Caspe fue uno de los fundadores del grupo ecologista El Tajugo, a quienes debemos la salvación de los dos pinos monumentales de la subida al Polígono Los Arcos-Adidas.
También se implicó en la cultura y el patrimonio; en los años 80, formó parte de la junta directiva del Grupo Cultural. Años después, en 2009, fue el artífice de una exposición sobre el castillo del Compromiso, ruinoso por entonces. Tres años más tarde reclutó a un grupo de voluntarios para mostrar el renovado castillo, una acción prolongada durante varios meses.
Merecía haber vivido más y, sobre todo, haber tenido un mejor final de vida (la salud no le acompañaba). Nos dejas un poco huérfanos, Néstor, pero nos legas tu positivismo a la hora de entender la vida y las relaciones sociales.
Gracias por todo.
Amadeo Barceló. Presidente del CECBAC

