En estos últimos meses, la principal pregunta que se hace (y nos hacen) cuando se habla de meteorología y clima es: ¿Van a ir a más los fenómenos extremos? Y la respuesta es: ya están yendo a más.
Hace más calor, ha subido la temperatura y, por lo tanto, las nubes, las borrascas y las DANAs (Depresión Aislada en Niveles Altos, es decir, una bolsa de aire frío en altura) tienen más energía, lo que conlleva más poder destructivo. No es que esté aumentando la frecuencia o vaya a «haber más DANAs». Siempre las ha habido y, de hecho, en la vertiente mediterránea es como suelen producirse los temporales de lluvia y nieve.
Lo que sucede es que, con un mar Mediterráneo y un suelo más calientes, se acrecienta la inestabilidad, esas nubes crecen más, por lo que provocan precipitaciones más intensas allí donde descargan. En el caso de las tormentas en estos últimos años no falla la correlación entre una ola de calor o unos días de temperaturas muy elevadas y que a los pocos días se produzcan tormentas muy fuertes. Muchas de ellas, de las denominadas supercélulas.
Una de las más destructivas tuvo lugar en Alcañiz en 2003, arrasando todos los tejados. O la de Torre del Compte el día de San Ramón de 2015. Y más recientemente, el 21 de junio de 2022 y el 20 de junio de 2023, también en el Bajo Aragón, y un sinfín de ejemplos más por todo el territorio.
Siempre se habían producido granizadas en Alcañiz, de hecho he escuchado historias de que en los años 50 (aún no había frigoríficos domésticos), más de un alcañizano hizo helado con las habituales granizadas que todos los veranos pasaban por la zona. Pero ahora ese granizo es de mayor tamaño debido a que hace más calor.
Hace escasas semanas nadie podía imaginarse una riada como la que arrasó la ribera del Aguasvivas. Se dieron varios factores que confluyeron para la fatalidad que todos conocemos. Se produjo un tren de tormentas que, además de ser estas muy estáticas, se iban generando una tras otra en bucle, más o menos por Villar de los Navarros, Herrera de los Navarros, Aguilón y Nogueras, entre otros municipios. Todas ellas además en la cabecera y pequeña cuenca del río Cámaras, afluente del Aguasvivas por su margen derecha.
¿Se podía haber evitado lo que sucedió? Probablemente no. Tendrán que ser ahora los técnicos los que determinen si la suciedad o no del cauce agravó la situación, pero ante una tormenta y una riada que se gesta en poco más de 2 horas, poco se puede hacer para evitar daños. Lo único y principal, poner a salvo a la población.
Por ello, en estos casos son muy importantes las estaciones de aforos, porque son las que muestran en tiempo real la evolución del caudal de un río o barranco. En este caso queda también por determinar aún cuál fue el caudal que se registró, pero parece que podría haber sido de varios cientos de metros cúbicos por segundo. Algo inaudito en un río con poca cuenca y que drena uno de los territorios más secos de Aragón.
Marcando total distancia con este caso, porque aquí los vecinos afectados no podían tener ningún margen de respuesta ante esta brutal riada, tenemos que tomarnos siempre muy en serio los avisos meteorológicos. Es mejor que a veces no se produzca lo que vaticinan, sin caer nunca en el «qué exagerados son». La gente del medio rural sabe que siempre hay que temer al cielo en estos casos y al agua.
Javier de Luna. Meteorólogo


LA VEGETACIÓN NO ES SUCIEDAD, A VER SI EMPEZAMOS A ENTENDER LO QUE ES UNA PUÑETERA VEGA DE UN RÍO O UN BARRANCO.
Parece que habéis descubierto el clima. hace cuatro días. El río Aguasvivas se llama así por algo. Hay riadas, tormentas, heladas etc excepcionales cada equis años, de toda la vida del mundo mundial. Lo que pasa es que nuestra memoria es muy corta. La Meteorología es una ciencia altamente incierta, por definición, y acumula grandes fracasos todos los años. Por eso se debería sermonear menos y avisar con más diligencia, si es posible.
Señora Carrá, usted misma se contradice en su «opinión». Relájese.