
Creemos que hablamos por toda (o mucha parte) de nuestra generación cuando decimos que la sociedad nos llama «generación despreocupada», pero es al contrario, somos una de las generaciones con más miedo por nuestro futuro.
Nosotros esperamos que el futuro esté mejor que la actualidad, porque entre problemas políticos, sociales y económicos, que cada vez van en aumento, conllevan a un porvenir peor.
No deseamos estas condiciones de vida, ya que no solo queremos estudiar y trabajar, sino que también queremos disfrutar. Las próximas generaciones estamos continuamente haciéndonos preguntas sobre cómo será nuestro futuro… pero no tenemos ninguna respuesta.
Dicen que no nos preocupa nada porque desde muy pequeños tenemos un acceso gratuito a la educación y eso nos proporciona estudios. Nos abre un abanico de oportunidades que nos prepara y empuja a sacarnos fácilmente estudios superiores y con eso optar a una mayor red de ofertas laborales.
Dicen que no nos preocupa nada porque disponemos de una ayuda económica y moral por parte de nuestra familia, lo que nos elimina preocupaciones como pensar en el futuro y una posible vivienda, transporte, comida y todo lo que nos puedan apoyar. Nuestros padres siempre estarán con nosotros respaldándonos en todo lo que puedan.
Dicen que no nos preocupa nada porque disponemos de múltiples ayudas del Estado. A través de impuestos obtenemos una sanidad gratis con la que también personas con discapacidades físicas y psíquicas obtienen apoyos.
Dicen que no nos preocupa nada porque vivimos en un país privilegiado, con una democracia, con seguridad. Dicen que tenemos un futuro próspero y por eso no nos preocupa nada.
Dicen que estamos muy tranquilos. Eso es lo que opina la gente, pero nosotros no estamos de acuerdo. En primer lugar, no sabemos lo que nos espera. Tenemos preocupaciones como la subida del precio de la vivienda, el encarecimiento de los estudios o la inflación de los productos de primera necesidad. Bien es cierto que, para intentar darle solución a esto, deberíamos movilizarnos más y hacernos ver como jóvenes que buscan el progreso.
También tenemos necesidades menos primordiales pero importantes, como el entretenimiento, y reconocemos que quizás hay cosas que no nos importan en absoluto porque no nos afectan, pero eso le pasa a todo el mundo.
Dicen que no nos preocupan las cosas y en algunos aspectos puede que tengan razón. Muchas veces nos informamos de asuntos que nos pueden afectar, pero no actuamos pese a que sean desventajas para nosotros. Vivimos rodeados de problemas (guerras, pobreza, falacias e incluso problemas en nuestra comunidad) pero, como no nos afecta diariamente, miramos hacia otro lado.
En otras ocasiones, la frase «no es mi problema» es muy repetida entre jóvenes para alejarnos de los problemas de la realidad.
Un ejemplo de esto es cuando en nuestros pueblos se dañan y se derrumban infraestructuras públicas, parece que a los jóvenes no nos importa, lo cual no debería ser así, pues son patrimonio de nuestro pueblo. Pero insistimos en que no solo los jóvenes somos los que ignoramos los problemas que nos afectan, ya que la sociedad está acostumbrada a despreocuparse por sus problemas si no los tienen cerca.
En definitiva, nuestras preocupaciones van más allá de lo que diga un adulto. No todos los jóvenes somos iguales. Muchos no son conscientes y ven el futuro demasiado lejano. Otros tienen un punto de vista más amplio, ya que son conscientes de lo que les depara.
Por ende, hay aspectos (vivienda, trabajo, transportes, el manejo del dinero…) en los que deberíamos mostrar más interés, pues nos influirá de manera directa. Debemos concienciarnos. Llegará el momento en que dejaremos de ser jóvenes, entonces… ¿A nosotros sigue sin importarnos nada?
Generación en plan. Alumnos de Oratoria del IES Pedro Laín

