Intento abordar el tema de la despoblación con un punto de partida diferente. Se podría decir que la naturaleza del asentamiento sedentario implica confianza, seguridad y certidumbre, aunque la realidad actual impone convivir con la intolerancia, el etnocentrismo y el dogmatismo cultural
Del nómada siempre se ha desconfiado. El nomadismo trae consigo los cambios, las transformaciones, y con ello la inseguridad; pero al mismo tiempo, concede la posibilidad de progresar y de descubrir la unidad del ser humano en cualquier paisaje, en cualquier territorio.
Hoy en día, ya no sirven las viejas definiciones del nómada o del sedentario. Nos dice el diccionario que el nómada es un individuo, de una tribu, de un pueblo, que carece de un lugar estable para vivir, y que se dedica especialmente a la caza y al pastoreo. Es aquél que está constantemente desplazándose de un lugar a otro, sin rumbo ni domicilio fijo. Son sus sinónimos: trashumante, ambulante, errante, vagabundo.
Esas definiciones nos muestran un sentimiento de superioridad por parte del sedentario. La razón principal por la cual muchos pueblos nómadas se hicieron sedentarios se encuentra en uno de los descubrimientos más importantes de la humanidad: la agricultura.
La ciudad es consecuencia directa del establecimiento definitivo de un grupo humano en un territorio determinado. La agricultura permitió que la tribu se detuviera. La agricultura también significó que la tribu tuviera posesiones que cuidar de las ambiciones de otras tribus y por primera vez la humanidad construyó fortalezas y murallas. La sociedad agraria, en aras de proteger y administrar la producción, creó las relaciones de clase y posición social y de ellas nació el dirigente, el poderoso que administra las ciudades
El desarrollo de estados más complejos nacería del poder creciente de una determinada ciudad, que terminaría por dominar a sus vecinas, creando una unidad política y un poder político más poderoso.
Así pues, me temo que es la agricultura la que nos ha conducido a un estado moderno en el que se vive con una opresión creciente del poder sobre sus ciudadanos. Hoy el nómada es el rebelde, el que para sobrevivir a esa opresión busca los medios de no pertenecer a ninguna tierra concreta, sino que va creando una propia a lo largo de la vida. Es el eterno viajero. Y entre el pueblo sedentario, la huida posible es no sólo territorial, del campo a la ciudad, sino también la huida cultural, desde una vida semi tecnificada a una vida globalizada.
Cuando leo trabajos tan completos como el elaborado por «Revuelta de la España Vaciada» en el que a lo largo de 350 páginas se analiza un modelo de desarrollo que básicamente consiste en convertir cada pueblo en un espacio habitable con todas las cualidades de una ciudad, veo que no se piensa en un deseo de caminar hacia un nomadismo moderno, con su espíritu rebelde, y con un rechazo permanente hacia la opresión del poder político que la ciudad representa.
Un modelo ideal es Ulises, que navega mares llenos de experiencias y que espera volver a su patria un día, aunque solo sea para volver a partir y seguir navegando. Ulises no sabía, como desgraciadamente sabemos nosotros que hoy la opresión del poder se ejerce mediante papeles, un ejemplo es algo tan simple como un certificado de empadronamiento, que te ata a un micro territorio y del que fuera de él no se tienen derechos. El primero a ganar debería ser el de residir donde convenga en cada momento, conservando todos tus derechos en el territorio preferido para cada necesidad, ya sea salud, educación, vivienda o trabajo. Ciudadanos con derechos en cualquier lugar y momento.
En el Principio Esperanza, Bloch dice que la patria, la casa natal que cada uno en su nostalgia cree ver en la infancia, se encuentra en cambio al final del viaje.Este último es circular: se parte de casa, se atraviesa el mundo y seregresa a casa, aunque es muy diferente de aquella casa abandonada,porque ha adquirido significado gracias a la partida. La condición del hombre es ladel viajero cuyo viaje termina sólo con la muerte. Así pues, ser un sedentario hoy, no es como nos dicen los médicos: ser un hombre que se mueve poco, o como dicen los historiadores, un hombre que se ata a su punto de partida. Es más bien la condición del que renuncia a ser hombre libre, política y culturalmente, y del que renuncia a la aventura fuera de la ciudad. Entre otras cualidades hoy el nómada es un ser digital.
Nuestra historia no sería grande y universal sin grandes nómadas como Cristóbal Colon y los hombres que tras él crearon un Imperio.Si la Historia nos revela algo, es que los pueblos sedentarios necesitan la libertad que acompaña a los nómadas.
Antonio Germán. Ingeniero y empresario


Como siempre, buena reflexión. Quizás nosotros seamos de una generación que se crió en la rebeldía a la propia existencia, nómadas en busca de nuestra propia identidad, rechazando los estereotipos impuestos por un poder que pasó de un repugnante absolutismo a un asqueroso cinismo donde vale mentir, engañar y traicionar contra de alcanzar la preciada poltrona.
Los nómadas disfrutamos con el viaje,el camino, la vida… los sedentarios con el destino, aunque sea un aeropuerto globalizado o un centro comercial como los demás.
Precioso articulo D. Antonio. Y muy buena reflexión.
Una cosa es ser nómada, y otra muy distinta tener espíritu aventurero, ser un conquistador, un descubridor, un adelantado, Cristóbal Colón y los que lo siguieron eran de estos segundos, no eran nómadas.
Por suerte, para la humanidad, el ser humano fué dejando de ser nómada, para ser sedentario, de los nómadas nacieron las guerras, los asesinatos el dominio y la esclavitud sobre un trozo de terrritorio fértil sólamente durante una parte del año, los nómada mataban a sus semejantes mientras duraban las cerezas, y cuando se acababan se iban a otro territorio con otro alimento, y si estaban muchos, pues imperaba la ley de la selva.
¿que es mejor, una sociedad civilizada o la ley de la selva?, yo lo tengo claro, cada uno que se invente sus propias mentiras y verdades.
Gracias a que dejamos de ser nómadas, hubo progreso, la medicina, la cultura la literatura, el arte la ciencia, todo el progreso se empezó cuando dejamos de ser nómadas, vagabundos y rebeldes a nada, los nómadas de hoy en día no son sino vagabundos y vagos que quieren privilegios pero no asumen compromisos, son precisamente los mayores cobardes que no se atreven a luchar contra la opresión política
Apreciado:
Una sociedad civilizada es la que garantiza la paz y el bienestar de sus miembros. Cuando eso no ocurre, no es cobarde el que la repudia y prefiere encontrar su destino en otros lugares.
Saludos
Ulises jamás fue un nómada, usted confunde nómada con intrépido, aventurero, audaz, rebelde, inconformista, explorador, y revolucionario. Ulises tenía su casa, sus seres queridos, y ansiaba volver a ellos. Eso es un sedentario de manual.
Todo es falso, no hay mayor miserable que un nómada, antiguo y moderno, alguien que no acepta compromisos, ni progreso, ni reglas, ni leyes, cuando algo no le conviene o interesa se va a otro sitio, nómada, los más bajo de nuestra sociedad, imagino que confundió el diccionario, porque yo le he tenido siempre en un pedestal, y no me gustaría que cayera de allí.
Manuel:
El diccionario de la RAE define al nómada como quien está en constante viaje o desplazamiento. No me parece pues que sea equivocado considerar a Ulises un nómada.
Saludos
Una cosa es ser un nómada y otra un conquistador. Una cosa es ser un viajero y otra un invasor.
Estimado sr. Antonio Germán, me duele que diga una verdad a medias, ya sabe usted que una verdad a medias es la peor mentira.
la RAE define al nómada como: Que se encuentra en una situación habitual de viaje o desplazamiento, es decir, que va de un lugar a otro sin tener una residencia fija.
Por lo tanto no puede usted estar más equivocado, porque Ulises sí tiene una residencia fija, y de hecho, este personaje FICTICIO, se pasa la mayor parte de la novela o epopeya, añorando y soñando con volver a su queridisimo lugar sedentario. saludos
Don Manuel:
No comparto su visión del Ulises, y no porque mi opinión sea la de un referente cultural, sino porque la he aprendido de grandes estudiosos. Le citare dos: el gran poema épico de Nikos Zazantzakis titulado La Odisea: Una secuela moderna, considerado como obra sobrehumana por su inmensa experiencia espiritual, y otra referencia importantísima: la obra de Claudio Magris titulada El Infinito viajar. Magris reflexiona, sobre el viaje circular como el de Ulises que lo que quiere es volver a casa pero que al regresar encuentra que su mundo es otro y vuelve a marchar; o sobre el nietzschiano, que contempla el viaje como una marcha constante e inevitable hacia la muerte, un infinito viajar.
No soy amigo de medias verdades, pero tampoco desprecio las que no comparto. Le puedo asegurar que la mentira no es algo que practique. Agradeceré su comprensión.
Saludos
Sr. German, a veces es agradable encontrar personas como usted, con educación y experiencia, y poder debatir, sin insultos ( si alguna palabra mía le sonó así le pido disculpas, no era mi intención), porque eso expande la mente y nos da nuevas visiones y conceptos, los cuales, como usted ya sabe, son difíciles de cambiar de golpe, aunque queda un remanente en nuestro cerebro que puede ir decantando la balanza hacia uno u otro lado, con esto quiero decir que respeto su opinión y la valoro, aunque mi balanza todavía no se inclina hacia sus conceptos, para mí, le reitero, existe una clara diferencia entre el nómada y el viajero, como ejemplo le pongo otros dos personajes ficticios, un viajero, a mi entender muy superior a Ulises, como es Phileas Fogg ( la vuelta al mundo en ochenta días), un viajero intrépido, que recorre una distancia infinitamente ( o casi) superior a la de Ulises, pero al que yo no consideraría jamás un nómada, pues no lo es, al igual que Ulises, tiene su sitio sedentario, su casa, su lugar en el mundo, y por mucho que viaje, siempre regresa al punto de partida.
Por otro lado tenemos al Capitán Nemo ( 20.000 leguas de viaje submarino) el cual sí se podría considerar un nómada, puesto que no tiene destino ni punto de partida ni de retorno, y viaja constantemente sin afincarse en ningún sitio, aunque eso sí, es un nómada con truco, puesto que también podríamos considerar que su hogar es el Nautilus, y que realmente no se trata de un nómada, sino que su hogar (el submarino) es el auténtico nómada, y el viaja allá donde viaja su lugar sedentario.
Evidentemente estos son conceptos, y críticas, no para destruir, sino para intercambiar conocimientos y posturas.
Le deseo todo lo mejor, y mis respetos, Sr. Germán.
Germán, tu artículo y los comentarios dan pie a un debate sobre oikofobia y oikofilia, pero que esa no era tu idea sino plantear que el espacio rural es idóneo para los nómadas digitales… pero los políticos necesitan asfalto y hormigón, que eso se ve, y no redes inalambricas o comunicaciones digitales.
Lo ee Ulises es solo un ejemplo, no merece un debate mayor que deriva la conversación a otros derroteros.
Grande Colón, explorador que mataba indios, robaba oro y tomaba tierras en nombre de los reyes de España.