Pues que se nos ha quemado casi un 1% de la superficie de España… más que toda la provincia de Vizcaya y algo así como la extensión de todo el Bajo Aragón Histórico. Esto podría suceder en nuestro territorio. Le ha tocado al Noroeste, pero en Aragón y en nuestro territorio tenemos formidables masas forestales. Y allí hay pirómanos y aquí parece que los empezamos a tener. Este verano darse una vuelta por el Matarraña daba miedo. Bosques sí, muy verdes por las abundantes lluvias de invierno y primavera, pero un herbazal de metro y medio que con una chispa de sílex ya era capaz de arder. Nos hemos librado un año más.

Y tras una catástrofe de ámbito nacional está sucediendo lo de siempre. El Estado, que en las últimas décadas y con diferentes colores entrega competencias sin saber si a quien se las entrega puede asumirlas (o eso dicen ahora), echa la culpa de los problemas a las respectivas comunidades autónomas según quien gobierne. Da la sensación de que la administración central lo que ha hecho en este y otros casos es querer quitarse marrones. Por otro lado, si algunas comunidades autónomas asumieron y asumen responsabilidades de gestión sin poder afrontarlas, también incurren e incurrieron en la misma gravísima irresponsabilidad y ahora quieren devolver el marrón al Estado al que culpan (también según quien gobierne). Y el ciudadano corriente, según a quien vote, pues defiende a una administración o a otra según qué partido gobierne. Al final una de las conclusiones finales que contenta y resigna a todos es: «esto lo ha impuesto Europa y no se puede hacer nada».

Y ahora es el turno de los eslóganes baratos y de simplificar las cosas. Están los que lo solucionarían todo con retroexcavadoras, y comparten en Instagram «más cabras en el monte y menos cabrones», cuando seguramente (urbanitas muchos de ellos) han contribuido a hacer insoportable a la ganadería extensiva. Por otro lado están los que también aprovechan esto para sacarse un conejo de la chistera y proponer un «Pacto de Estado para la Emergencia Climática» mezclando churras con merinas y que nadie va a respaldar. Aquí realmente el problema es que poca gente sabemos qué hay que hacer, porque esto es un problema con múltiples variables.

Pero hay evidencias. Y algunas de ellas son que evidentemente la mayor recurrencia de olas de calor favorece que haya más días con condiciones favorables para incendios más probables y destructivos. Pero vamos a no ser ignorantes. Por mucho que ahora todos los aragoneses y españoles pasemos a emisiones 0 de CO2, la realidad es que el año que viene, en 2027, en 2028… va a seguir haciendo más calor que antes. Y eso se combate actuando en las masas forestales y contando con la gente que vive en el territorio. Y también con los profesionales que, afortunadamente y en nuestro caso, tenemos la suerte de tener en el Bajo Aragón Histórico y que conocen el monte palmo a palmo.

Otras realidades son que: tenemos más masa forestal que nunca tras 50 o 60 años de abandono de la tierra y sucesivas trabas para poder establecer algún tipo de aprovechamiento en masas en las que antes la gente echaba mano hasta para hacer leña. Hay miles de kilómetros cuadrados de antiguas tierras de labor que han sido colonizadas por bosques y la solución no pasa por «limpiar» todos esos bosques, porque ni es viable ni deseable y se cortaría el proceso de maduración de muchas masas, dejando especies pioneras como el pino y abortando que encinas u otros árboles más maduros consoliden un bosque; por otro lado hay menos ganado y al poco que resiste a los embates de la burocracia le prohíben pastar en el bosque o en el río (en el que ya no hay pescadores porque tampoco se puede pescar); hay más trabas burocráticas a la hora de cortar un pinar o un cañizo que ha colonizado una era o un vado. Y principalmente: hace más calor que antes y se pasa más rápidamente de periodos húmedos a sequías; además nieva menos, por lo que los arbustos crecen más al no verse aplastados en invierno… en fin, que no hay una sola causa. Hay muchas.

Quizá una de las claves de todo esto es que hay que proteger los núcleos urbanos como sea. Las imágenes de pueblos leoneses ardiendo son insólitas en España. Ahí creo que se puede actuar de forma diligente y rápida, estableciendo normas que obliguen a que el perímetro de un pueblo esté bien labrado, desbrozado y saneado. También las viviendas aisladas, como ya hemos visto en el Matarraña en los últimos años, deben de tomar cartas en el asunto.

Y otra de las claves de todo esto es que, una vez más, nadie está hablando con agricultores y ganaderos. Las diferentes administraciones los continúan ignorando y ahí está el principal problema. También se ignora a los ayuntamientos. Existen muchos ejemplos en nuestro país, como los montes de Soria, en donde existe un aceptable equilibrio entre paisaje, valor natural, economía, agricultura y ganadería y que, parece ser, les viene protegiendo de catástrofes como las que estamos viendo.

Javier de Luna. Metereólogo