Todavía con la resaca postnavideña, nos plantamos casi en mitad de enero. Empieza un nuevo año, pero seguimos arrastrando algunas viejas reivindicaciones. Y parece que este 2025 no va a ser el año del impulso definitivo de la A-68. Algo que sigue siendo clave para el desarrollo económico y social de todo el Bajo Aragón histórico. Aunque ojalá me equivoque, pero me invade el pesimismo después de la alegría de las fiestas navideñas. ¿Será el efecto cuesta de enero O serán las décadas de retraso que acumula el proyecto?

Según los plazos del Ministerio de Fomento, el tramo entre El Burgo y Fuentes estará listo en 2026. A finales de 2025 se prevé licitar la contratación de la actuación entre El Regallo-Alcañiz y que esté acabada la conexión de Alcañiz con las Ventas de Valdealgorfa. Aunque resulta difícil confiar después de más de 20 años de retrasos. El otro día comentaba que recuerdo oír hablar de este proyecto desde que era pequeña. Y también, por desgracia, recuerdo leer noticias sobre accidentes en la N-232 desde que tengo uso de razón. Es fundamental acortar los plazos tal y como piden los alcaldes de la zona y más cuando se trata de obras complejas.

Es un buen momento para presionar e intentar que se incluyan partidas presupuestarias en los próximos presupuestos generales del Estado. Por desgracia, nos la única deuda histórica con el territorio. Ojalá pudiera haber una lista de propósitos proyectos pendientes. Pero no como ese propósito de apuntarse al gimnasio que cobra mucha fuerza en enero pero que decae en marzo. Una buena intención que se convierte en realidad. Y ya de paso incluir en esa lista más médicos para la sanidad rural, más servicios para nuestros pueblos o mejor mantenimiento de carreteras, en general.

Lucía Peralta. Zorros y gazapos