El pasado pleno del ayuntamiento de Alcañiz se trató un asunto relativo al cambio, más bien al bautizo, de una nueva calle. Las posturas claras y definidas impidieron llegar a un acuerdo. En el próximo cambio de Gobierno ese nombre lo reemplazarán por otro.

En una sociedad cada vez más polarizada, llegar a un acuerdo es un símbolo de debilidad. No hay más razón que la de llevar la contraria al de enfrente. Prima la ideología sobre la lógica. La exigencia a la negociación. La orden al acuerdo.

Recuerdos en blanco y negro de la antigua vía de ferrocarril de Val de Zafán, hoy convertida en Vía Verde. Los pedales, maillots, el sudor y el tiempo libre han sido sustituidos, en el tramo junto al Nuevo Hospital, por un moderno vial de dos carriles en cada sentido como anticipo de la Autovía que está por venir, algún día.

La vía Val de Zafán fue eje vertebrador de nuestro Bajo Aragón Histórico. Hoy histérico, desmembrado y dividido. Sustituyó el trasiego rodado de mercancías y pasajeros por el de pacientes y enfermedades. De viajes con billetes sacados en taquilla por volantes, consultas y esperas interminables. La búsqueda del mar junto a naranjos y huertos, junto a Tortosa, por un mar de incertidumbres y esperanzas relacionadas con la salud y el bienestar.

No discutimos el nombre de un prohombre, José María. De su categoría y consideración, por todos manifestada. Esta vía tampoco es una vía cualquiera. ¡Tiene su nombre ya! No desnudemos un santo para vestir a otro. Habrá otras que bautizar con su nombre. No abjuremos de algo cierto y verificable. No caigamos en la apostasía nominal.

Perdimos el último tren de una estación que espera que 14 kilómetros no sean dificultad para unirse de nuevo a la red ferroviaria, que nos facilite pescar y recoger frutos que nos están vetados por nuestro aislamiento y falta de infraestructuras.

Nuestra capital, Teruel, vuela alto y orgullosa. Cómo despegan sus aviones de su aeropuerto, con un FITE de corte y confección... como un modisto a la carta. Yo me lo guiso, yo me lo gasto e invierto.

No es un nombre cualquiera, es una reivindicación histórica. Andando se hace camino. Empezando se comienza a conseguir lo que pretendemos. Pedir lo justo, exigirlo es nuestro deber. Val de Zafán no es solo el nombre de un vial. Es un símbolo de nuestro futuro que continuamente nos están arrebatando.

Probablemente el nombre oficial irá por un lado y el popular por otro. En última instancia, el pueblo, la gente, tiene la última palabra. Y le dirá cómo le salga del alma.

Carlos Andreu. Vox / Alcañiz