En unas elecciones, una papeleta puede concentrar años de trabajo. Es la forma más directa que tiene la ciudadanía de respaldar o rechazar un proyecto. Y el veredicto que dejaron las urnas el pasado domingo fue claro: los aragoneses y, de manera muy significativa, los turolenses, han renovado su confianza en el proyecto que lidera Jorge Azcón. Porque frente a los discursos alarmistas de la izquierda, quienes siguen hablando de recortes que no existen, los ciudadanos han apostado por seguir apoyando una gestión centrada en sus problemas reales.
Y es que, durante los dos años que hemos estado gobernando, la llegada de inversiones millonarias ha colocado a nuestra Comunidad en el mapa de las grandes oportunidades. Hablamos de proyectos que no solo traen inversión, sino empleo cualificado, estabilidad y futuro. Hablamos de que nuestros jóvenes puedan, por primera vez en mucho tiempo, encontrar aquí, en su tierra, un proyecto de vida sin tener que hacer las maletas.
Pero para construir un proyecto de vida no basta con tener empleo; es imprescindible tener un hogar donde poder hacerlo. Por eso se ha trabajado intensamente en impulsar la construcción de miles de viviendas en todo el territorio, con planes adaptados tanto a las grandes ciudades como a los pequeños municipios y a las zonas más turísticas, poniendo en marcha el Plan Aragón Más Vivienda, que está siendo referente en toda España.
También en sanidad se han dado pasos que parecían imposibles hace no tanto. La Facultad de Medicina en Teruel, que en su día fue cuestionada por la oposición, es hoy una realidad. A ello se suma un paquete de medidas, como el plan de fidelización de plantillas, para intentar que más médicos quieran venir, y quedarse, a trabajar en nuestra provincia.
En el ámbito social, Aragón ha pasado a situarse entre las comunidades que más rápido resuelven las solicitudes de dependencia de nuestros mayores y se ha trabajado intensamente con las entidades del sector de la discapacidad para mejorar su financiación. Porque la fortaleza de un gobierno se demuestra en su capacidad para cuidar y proteger a quienes más lo necesitan.
Mejorar la educación también ha sido nuestra prioridad. Hemos dejado de tener los profesores peor pagados de España y se han dado los primeros pasos para lograr la gratuidad de la escuela infantil de 0 a 3 años, en una clara apuesta para lograr que la conciliación deje de ser ese ideal inalcanzable y se convierta en una realidad para las familias aragonesas.
Asimismo, la puesta en marcha de los fondos de transición justa y la defensa de las ayudas al funcionamiento al máximo permitido por Europa ha sido una clara apuesta por mejorar la competitividad de nuestras empresas frente a territorios más poblados.
Todo ello estaba en juego el domingo. Y todo ello ha recibido el respaldo mayoritario en las urnas, porque queda mucho por hacer.
Ahora comienza una nueva etapa. El escenario parlamentario exige diálogo y acuerdos, porque cuando nadie tiene mayoría absoluta, toca entenderse. Y en este contexto lo tenemos claro, negociaremos con base en tres principios muy sencillos pero fundamentales.
Legalidad. Somos un partido de Estado que respeta nuestra Constitución y las leyes que nos hemos dado entre todos. Las normas que rigen nuestro sistema democrático no son negociables y cualquier acuerdo de gobernabilidad debe respetarlas.
Competencia. Porque los pactos deben centrarse en aquello que depende directamente del Gobierno de Aragón. No tiene sentido trasladar a este ámbito debates o decisiones que corresponden al Gobierno de España. Cada administración debe asumir sus responsabilidades en el momento que corresponda.
Y mínimo común. En democracia, cuando no hay mayorías absolutas, ninguno de los socios abocados a entenderse puede imponer un programa, sino encontrar puntos de encuentro. Si se plantean propuestas para bajar impuestos, reforzar la sanidad o atraer inversiones que generen empleo, habrá margen para el entendimiento. En cambio, si las posiciones se centran en máximos inasumibles o en subrayar diferencias en lugar de coincidencias, los acuerdos serán mucho más difíciles.
Los aragoneses han hablado: han pedido continuidad en el liderazgo y responsabilidad en la gestión. Su mensaje es claro; quieren que Aragón y Teruel sigan creciendo, que sean imparables y que sigan generando oportunidades. Ahora nos toca estar a la altura de esa confianza y demostrar que la política sirve para construir, no para bloquear.
Está en juego el rumbo de una Comunidad que ha demostrado que puede competir, atraer inversión y mejorar sus servicios. Dentro de cuatro años queremos mirar atrás con la satisfacción de haber aprovechado esta oportunidad y de haber sabido leer el mandato de las urnas. Es, sencillamente, la hora de la política con mayúsculas.
Silvia Casas. PP / Alcorisa


Créame Doña Silvia, después de leer su articulo, le recomiendo que se siente se ponga delante de un espejo y piense.
No se por que cerros se mueven los partidos políticos, en eso usted sabrá. Ya ha ido de cabeza, siga así, hay mas peldaños, pero mire donde pisa, que los peldaños…
El discurso de el Sr. Azcón la noche del 8, se encuentran entre los mas patéticos que he escuchado, y ojo que cada elección hay unos cuantos. Los de los aplausos, tela. Eso si, ahora tiene toda la legitimidad de pactar y «ceder» lo que quiera y como quiera, porque lo han dicho las urnas. Si es lo que quería, pero para eludir responsabilidades y cargárselas a los votantes, que al final es verdad, ¡¡¡la tienen!!! que obediente es el Sr. Azcón y sus compis. Pero… tiene TRUCOOOOOO. (CON MAYUSCULAS).
He leído el texto triunfalista que circula estos días y me asombra la facilidad con la que algunos confunden respaldo electoral con consagración histórica.
Una papeleta concentra años de trabajo, sí. Pero también puede concentrar decepciones acumuladas, ausencia de alternativa o simple inercia. Las urnas legitiman para gobernar; no canonizan un proyecto. Conviene no inflar el mandato más de lo que pesa.
Hablar de “veredicto claro” cuando no hay mayoría absoluta es un ejercicio de entusiasmo creativo. Lo que hay es un escenario fragmentado que obliga a negociar. Eso no es épica. Es aritmética.
Inversiones millonarias. Siempre suenan bien. El titular es brillante. Ahora bien, inversión anunciada no es empleo estructural. Proyecto estratégico no es tejido productivo consolidado. El verdadero indicador no es la nota de prensa, es si dentro de cinco años la población joven de Teruel deja de marcharse o simplemente se marcha con un PowerPoint más bonito en la carpeta.
Vivienda. Miles proyectadas. Fantástico. Pero el mercado no funciona con slogans sino con solvencia y renta disponible. Si el joven no puede pagar, la vivienda existe en el papel y no en su vida. Construir no es garantizar acceso. Y el acceso es lo único que importa.
Sanidad. Facultad de Medicina: acierto estratégico. Pero formar médicos no equivale a fijarlos. La estabilidad, las condiciones laborales y el proyecto vital pesan más que la inauguración. Sin estructura sólida, la facultad será un semillero para otras comunidades.
Dependencia y discapacidad. Resolver expedientes más rápido es positivo. Pero la calidad del servicio y la financiación sostenible son la prueba real. La política social no se mide en velocidad administrativa, sino en dignidad efectiva.
Educación 0-3 gratuita. Bien. Ahora aseguremos plazas suficientes, cobertura territorial real y calidad homogénea. Porque la gratuidad sin oferta suficiente genera frustración, no conciliación.
Y luego está la palabra mágica: legalidad. Respetar la ley no es un principio negociable, es una obligación básica. No es bandera ideológica. Es suelo común. Convertirlo en elemento distintivo revela una pobreza argumental preocupante.
El mínimo común está bien cuando es punto de encuentro. Es mediocre cuando se convierte en techo bajo. La política ambiciosa no se reduce a gestionar lo heredado con sonrisa institucional. Se atreve a corregir inercias, incluso propias.
El problema del discurso oficial no es lo que afirma. Es lo que omite. Ninguna autocrítica. Ningún error reconocido. Ninguna cifra incómoda. Cuando todo es éxito, el lector informado sabe que falta media historia.
Aragón no necesita complacencia. Necesita profundidad estratégica. Teruel no necesita relatos de oportunidad; necesita resultados medibles: renta, empleo estable, servicios públicos robustos, población que se queda.
El respaldo electoral no es una coronación. Es un contrato. Y los contratos se revisan.
La política con mayúsculas no se proclama. Se demuestra.
DMSC
Algo no me cuadra en su discurso: Azcón convocó elecciones porque no podía aprobar los presupuestos. Tenía 28 diputados y Voz, siete. Ahora Azcón tiene 26 y Vox, 14. Y usted proclama que los aragoneses han renovado su confianza en el proyecto que lidera Jorge Azcón. Si antes lo tenía difícil, ahora aún más. Se ha perdido tiempo y millones de euros del bolsillo de los ciudadanos. Uno espera mejor argumentación de nuestros políticos.
Que ego mas grande en este artículo