La expresión que encabeza este artículo se podría aplicar perfectamente a la situación que vivimos los municipios afectados por el intenso tráfico pesado vinculado al transporte de arcillas en lo que se refiere a la actuación de las administraciones ante esta problemática.

Y es que hace ya más de un año y medio que venimos reclamando soluciones, un tiempo en el que hemos mantenido reuniones, planteado propuestas y tratado de implicar a todas las partes afectadas. También hemos escuchado algunos compromisos, como el adquirido en agosto de 2025, que contemplaba volver a reunirnos antes de finalizar aquel año para evaluar los avances y concretar nuevas actuaciones. Aquella reunión nunca se convocó.

Desde entonces, los ayuntamientos hemos seguido intentando obtener una respuesta. En septiembre del pasado año y nuevamente en mayo de este hemos invitado al consejero de Fomento a visitar nuestro territorio y conocer de primera mano una situación que afecta directamente a nuestros municipios. Tampoco hemos obtenido ni siquiera respuesta. Ni se nos ha informado de posibles avances, actuaciones previstas o plazos para llevarlas a cabo.

Mientras tanto, los camiones siguen pasando y los accidentes continúan repitiéndose. El problema no ha desaparecido, más bien al contrario, se ha agravado y enquistado, y con él han crecido aún más la preocupación y el hartazgo de quienes vivimos en estos pueblos.

No pedimos privilegios, simplemente pedimos que se nos escuche, que se nos atienda y que se actúe. Solicitamos algo tan básico como que una administración responda a los ayuntamientos de su territorio y mantenga informados a quienes representamos a los vecinos directamente afectados.

Evidentemente, somos conscientes de que algunas de las soluciones que planteamos requieren tiempo de tramitación, planificación y una importante dotación presupuestaria. Nadie pretende que grandes infraestructuras puedan ejecutarse de la noche a la mañana, pero para llegar a ellas hay que empezar a dar pasos, porque el movimiento se demuestra andando.

Sin embargo, también hay actuaciones de menor calado, que no requieren grandes inversiones ni largos periodos de tramitación y que el Gobierno de Aragón tiene capacidad más que suficiente para abordar con rapidez. Si existe voluntad de hacerlo, claro.

Porque las palabras se demuestran con hechos. Y los hechos, a día de hoy, son patentes: ni se nos responde, ni se nos atiende, ni se nos informa. Esa falta de respuesta denota una absoluta carencia de respeto institucional, de empatía y, por qué no decirlo, incluso también de educación.

Aitor Clemente. Ganar / Aguaviva