Los medios de comunicación, prensa, radio, televisión, suelen ser una lupa que amplía cualquier información, generalmente con el deseo de cumplir su obligación: informar, formar y entretener. Pero hay veces que la realidad no ayuda, y también hay veces que los periodistas se aferran a una noticia que puede ser nefasta al no ser prudente y proporcional al hecho transmitido. Sobre todo cuando la noticia es trágica, adversa o fatídica.
Sabido que es que si un perro muerde a un hombre, no es noticia como lo sería si la mordida hubiese sido del hombre al perro. Es famoso el caso de un periódico inglés que solo publicaba buenas noticias y tuvo que cerrar porque no conseguía mantener el interés de los lectores. Eso es así, los periodistas lo saben, y escogen para sus informaciones lo más asombroso o pasmoso, aunque no sea lo más gracioso, sugestivo o maravilloso.
Viene a cuento todo este preludio porque acabo de llegar a Caspe de «veraneo», aunque las malas lenguas digan, lamentablemente con razón, que hace mucho calor. Vengo acomplejado por las continuas noticias nefastas que leo en la prensa. Da la impresión que las riñas, los robos, los accidentes son el pan de cada día.
Y mira por donde, lo primero que me cuentan en la Tertulia Genarín, es que una señora perdió hace unos días un bolso con su documentación, dinero y pertenencias personales. Su primer pensamiento fue que podían habérselo robado, quizá influenciada por las noticias perversas que cuenta la prensa con pelos y señales todos los días. Pero… a las nueve de la noche se presentó en su domicilio una pareja de la Guardia Civil y le entregó su bolso sin faltar ni un alfiler.
Estas noticias buenas también deberían tener interés para los periodistas. También sería información y sobre todo ayudarían a mejorar la convivencia ante el fenómeno social que los nuevos tiempos nos obligan a vivir.
El poder de las palabras es inmenso. Sugestionan y condicionan nuestras actuaciones. Animan o desmotivan el turismo. Dan gasolina a los derrotistas. Los periodistas tienen un gran poder, y a veces contribuyen en gran medida a desilusionar a una población si se recrean contando o solo cuentan lo tóxico y escabroso… aunque sea verdad.
Miguel Caballú. Cartas a Abel


El comentario es una mezcla superficial de lugares comunes y anécdotas irrelevantes. Se queja del periodismo sensacionalista mientras cae en el costumbrismo barato de tertulia de bar. No aporta datos, ni profundidad, ni análisis real del funcionamiento mediático. La anécdota del bolso parece sacada de una carta al director de los años 80. En resumen: poco rigor, mucho lamento y cero utilidad.