La crisis política de final de mayo nos ha dejado un PSOE acorralado anímica, judicial y mediáticamente frente a un PP descolocado, urgido a gobernar, que teme que se hinche demasiado el globo de VOX y resulte amenazador.
El panorama es desolador, especialmente para una ciudadanía que reclama ejemplaridad, acuerdos y pactos de estado para resolver los problemas de una España que va bien, aunque con desigualdades y excesivo desequilibrio territorial y fiscal. El clima de enfrentamientos verbales es deplorable y las sesiones de control de gobierno de los miércoles son un auténtico ring. En América Latina se siguen con estupor. Las plataformas televisivas podrían programar esas sesiones en un canal temático, intercalándolas con combates de boxeo y otras especialidades violentas. Hasta subiría la audiencia. Las televisiones generalistas deberían advertir de la emisión de contenidos agresivos para proteger a la infancia, porque a ver qué padres logran inculcar a sus hijos respeto al prójimo con ese espectáculo semanal de los próceres.
Después de la crisis política de mayo, llega el viacrucis de junio que abre el Papa León XIV con visitas a Madrid, Barcelona y Canarias. El presidente Zapatero atrasa su declaración a mitad de mes, pero así permite que las crónicas y las tertulias sigan ardiendo sin material nuevo a calcinar. Parece que se gastó casi todo en el último arreón. Los políticos que han hecho de la declaración agresiva su única contribución al debate andan medio desesperados porque, de tanto repetirse, agotan hasta su público más entregado. El presidente Pedro Sánchez pide comparecer en el Congreso, pero el día 18, después del Consejo Europeo; y después, claro, de la declaración de Zapatero que tiene en vilo al PSOE. La UCO confirma ahora que las cuentas de Begoña Gómez en relación con la cátedra de la Complutense no tienen nada de anormal. Podrían haberlo dicho hace un año, pero ese silencio desgasta más. Como dice el gurú Aznar, «el que pueda hacer, que haga».
Siguiendo la consigna aznariana, el alcalde de Algete, localidad de 21.000 habitantes a 20 km al norte de Madrid, ha retirado el nombre de Joan Manuel Serrat a un equipamiento municipal. Para esconder su desprecio al arte y la cultura se escuda en «la nula relación del cantaautor con la localidad». Se entiende entonces que en próximas fechas caerán nombres de calles dedicadas a músicos como Beethoven, científicos como los esposos Curie, astronautas como Glenn y deportistas como Rafa Nadal o Di Stefano, de los que no hay constancia que veranearan en ese pueblo. Ese alcalde, el popular Fernando Romo, ha decidido poner su localidad en el mapa de la España cateta, como hizo el de la Pobla de Segur (Lleida) al retirar la Avenida Josep Borrell a su hijo más brillante por el delito de no ser independentista. Prepárense porque en la España que se nos viene encima, estos espectáculos deplorables proliferarán.
Visto el panorama desde un dron, se aprecia una acumulación de investigaciones judiciales sobre la geografía socialista, con dirigentes y familiares incluidos, y un desfile de ex cargos del Partido Popular ante los tribunales por corrupción y por operaciones policiales turbias contra personajes como su ex tesorero Bárcenas. Sobre esa doble realidad se alza el ultraderechista Abascal, con inquietud creciente en el Partido Popular cuya radicalización verbal -incluida la de la prensa afín que rivaliza en titulares catastrofistas- parece que solo beneficia a Vox. O Sánchez convoca elecciones, o a Núñez Feijóo le da algo.
Manuel Campo Vidal. Periodista


Se te ve el plumero demasiado
…y las costuras.Sea imparcial hombre!