Una ola de calor ha asolado la península ibérica. En nuestro Bajo Aragón eso supone máximas de aproximadamente 38 grados. En la política española supone aproximadamente unas elecciones antes de acabar el año.

De calores y sudores va la cosa. Calores los de una ciudadanía que contempla con desasosiego la enésima nueva presunta trama de corrupción dirigida por un gobierno gobernante o gobernado, y los de una oposición envalentonada, frotándose las manos para ocupar el puesto que tan legítimamente ellos saben que les corresponde.

Sudores los del votante que quiere progreso pero que asiste incrédulo a la putrefacción del mal menor.

A babor, un gobierno bunkerizado, sin saber si el shock es el último naipe que faltaba por derrumbarse o no. Después, unos medios siempre afines pero con nuevos virajes. Entre dimisiones y relegaciones de los Barceló, Alsina y Bueno de turno, uno ya no sabe quién calla y por qué otorga.

Unos socios de gobierno que, habiendo hecho mesías al mismo por el que una vez se rebelaron, sostendrán el orden que una vez desafiaron hasta que el tiempo los deje totalmente galvanizados.

A estribor, manifestaciones anticorrupción donde asisten corruptos y mociones que no llegan. Aprendiendo del exceso de euforia del caso Cerdán, muestran con cautela la confianza de que las togas pondrán todo en su debido lugar. A fin de cuentas, para perro flaco todo son pulgas.

De la síntesis de la derecha en nuestra tierra somos pioneros. Desregulación junto a bienestar, pone en una nueva consejería. Prioridad nacional sin especificar cuál es, si la del que le vota o la del que le financia.

¿Y en medio del barco qué queda? Nada, la absoluta nada. Una Constitución que ya nadie resalta, una monarquía autoexiliada y una Iglesia luchando contra la IA.

La alargada sombra de Venezuela se bate una vez más sobre nuestra actualidad. La misma polémica con Irak ahora la tenemos en Irán.

Desde la embajada americana ha quedado todo puesto: estos corruptos ya no son de los nuestros. Ahora hay lobby malo y también bueno.

Mientras la Justicia prosiga y se decida quién paga el muerto, en estas semanas ya aclaramos un hecho.

Si hace 15 años el lema era «PSOE y PP, la misma mierda es», ahora decidimos cuál mojón, depende del color, contiene mejor sabor.

Parece que ya no se puede ser crítico sin ser por ello criticado. Cada vez se ven menos cantautores, de esos que no perdían nunca la chispa a pesar de la decepción y que no dejaban títere con cabeza. Y también menos centristas, de esos que veían lo bueno del contrario y lo malo del suyo, que reivindicaban lo común tanto o más que lo propio.

Mi consejo es que nos refresquemos todos con un buen baño y que no olvidemos las palabras de Luis Pastor: «Cantautor a tus canciones. Zapatero a tus zapatos».

Tomás Celiméndiz