He pasado una semana en el hospital de Alcañiz. En resumen, puedo decir que me he sentido como en casa arropado por muy buenos profesionales. Se de lo que hablo puesto que llevo casi cuarenta años trabajando en un hospital. Y suelo ser crítico. Por ello transmito mi agradecimiento personal a a todos aquellos colectivos que lo han hecho posible, tanto a los de Urgencias, al personal de Admisión, a los de la cafetería y especialmente al equipo de profesionales de la quinta planta y del resto del hospital. Y digo equipo porque creo que solo por mi experiencia he podido distinguir claramente entre el celador y las auxiliares, y entre estas y las enfermeras. Este punto, el del trabajo en equipo, es el que más valoro y el que quiero resaltar, puesto que es el que más te facilita la vida en estas situaciones de internamiento de un familiar. Odio aquellas frases de "esto no me toca" o "esto no es de mi incumbencia". La organización de la planta, con la secretaria localizada en ella, la accesibilidad al personal médico y la premura y respuesta con que nuestros requerimientos fueron atendidos no tiene precio. Por lo tanto, un diez en el tema asistencial. Pero no solo eso, otro factor de satisfacción ha sido el ambiente familiar que se respira entre enfermos y acompañantes. Hemos coincidido varias familias de Cretas. Con Felipe y Rosaura hemos compartido habitación después de haberlo hecho con otra entrañable de Calanda. Mi padre, el enfermo, se ha reencontrado con unos amigos de Oliete con los que hacía cincuenta años que no se veían y que ocupaban la habitación contigua a la suya. La guinda fue que el médico que trató perfectamente las disfunciones de mi padre resultó ser uno de mis compañeros de clase de mi querido colegio de los Escolapios. En Alcañiz la gente del Matarraña estamos como encasa, siempre lo he dicho. Ningún problema con nuestra lengua materna que comparten muchos de los alcañizanos cuyo origen lo tienen en nuestros pueblos. También alguna de las profesionales que nos cuidó, sabedoras de nuestro origen, se expresaban con toda naturalidad utilizándola. Y el resto, castellanoparlantes, toda facilidad con la expresión del enfermo. El paciente es lo principal y el lenguaje de la amabilidad y la sonrisa en la boca es la mejor medicina. Para el enfermo y para los familiares. Con el hospital nuevo tan en boga estos días, se mejorará, seguro. Pero muy atentos a no perder nada de este buen servicio profesional, familiar y próximo, que ahora ya tenemos. Gracias nuevamente a la Quinta planta y a todo el hospital en general.


Me alegro, tenemos una sanidad pública envidiable. Deberíamos asegurar que se financia y retribuye bien, dejando de malgastar en cosas que no son prioritarias. Nunca es grato tener que ir a un hospital, pero el personal que tiene la sanidad pública española es un diez.
Totalmente de acuerdo con el artículo y con el comentario publicado. Un diez a nuestra sanidad, a nuestros profesionales. Tenemos algo que merece ser puesto en primer lugar a la hora de figurar en los programas del Gobierno.
Ole por todos los que configuran nuestra Sanidad. Gracias a todos ellos.
Belén