Tengo la sensación de que muchos europeos han olvidado su pasado, y si lo conocen es después de que se haya creado una nueva memoria que distorsiona la realidad. Si queremos que en Europa sucedan cambios positivos conviene meditar sobre el pasado y aprender de lo ocurrido.
Me voy a referir a las Conferencias de Yalta y de Potsdam. La primera celebrada del 4 al 11 de febrero de 1945, antes de la rendición de Alemania. Durante la Conferencia de Yalta, los aliados occidentales habían liberado toda Francia y Bélgica y luchaban en la frontera occidental de Alemania. En el este, las fuerzas soviéticas se encontraban a 65 km de Berlín, tras haber hecho retroceder a los alemanes de Polonia, Rumanía y Bulgaria. Ya no se trataba de la derrota alemana. La cuestión era la nueva configuración de la Europa de posguerra.
La Conferencia de Potsdam fue una reunión llevada a cabo en Potsdam, cerca de Berlin, entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945. Los participantes fueron la Unión Soviética, el Reino Unido y Estados Unidos, los más poderosos de los aliados que derrotaron a las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Los jefes de Gobierno de estas tres naciones eran el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Iósif Stalin, el primer ministro británico Winston Churchill (posteriormente Clement Attlee), y el presidente americano Harry S. Truman, respectivamente.
Entre las decisiones destacaron las nuevas fronteras alemanas y polacas. Todos los territorios alemanes de la Prusia Oriental fueron adjudicados a Polonia, y todos los territorios polacos al este de la Linea Curzón fueron adjudicados a Rusia. La llamada línea Oder-Neisse quedó establecida como la frontera entre Alemania y Polonia. Así mismo se decidió reasentar las minorías alemanas de Polonia, Hungría y Checoslovaquia dentro de las nuevas fronteras alemanas. Millones de alemanes fueron expulsados de sus casas y millones de polacos quedaron incorporados a Rusia. Igualmente se decidió que Europa quedaría dividida en dos zonas de influencia. La zona de influencia rusa comprendió las naciones de la Europa Oriental, y las naciones de la Europa Occidental formaron el área de influencia americana. Los países afectados por estas decisiones no tuvieron nada que decir. Quizás la paz en Europa y su recuperación económica hayan sido fruto de aquellos acuerdos.
Putin y Trump conocen la historia, y quizás desean acabar la actual guerra en Europa por un proceso parecido. Como en 1945 puede ocurrir que los países europeos no tengan voz ni voto. Al fin y al cabo, la Europa Oriental ya ha evolucionado en contra de lo que se acordó entre Stalin y Truman. La destrucción de la Unión Soviética por Gorbachov en 1991 cambió la realidad. Los Estados Unidos a partir de esa fecha han llevado su poder hasta las fronteras de Rusia, eliminando casi totalmente las influencias acordadas en el pasado. La recuperación de Rusia y la relativa debilitación de los Estados Unidos vuelven a plantear en Europa nuevas áreas de influencia y puede ser que Putin y Trump repitan lo que sus países ya hicieron en el pasado, con menos problemas que entonces, ya que hoy no hay un Imperio Británico como en la primera mitad del siglo XX, ni hay otro Churchill, ni nada que se le parezca, salvo que creamos que el sueño de la Unión Europea resistirá a los nuevos dueños del mundo, especialmente a China que también recuerda el maltrato que sufrió de los ganadores de la Guerra Mundial. En las escuelas chinas, una frase siempre presente, enseña a los alumnos: «No olvidéis nunca la humillación a la que China fue sometida»
Y mientras tanto, en el oriente europeo crecen los países que miran a Rusia como aliado deseable, y los frustrados franceses y los nuevos socialistas alemanes, tan nacionalistas como en el pasado, crean ruido de sables para asustar a los vecinos influenciables como España o Italia. Los que ahora desean que la voz de Ucrania esté presente en las conversaciones entre Putin y Trump son los mismos que negaron cualquier voz a Alemania tras su derrota. Ojalá que el espíritu de neutralidad que tanto ha ayudado a Europa en el pasado pudiera recuperarse.
En mi opinión, nosotros y los italianos deberíamos fijarnos en lo que sucede en nuestras fronteras con el norte de África y no en lo que sucede en las lejanas fronteras rusas, y reconocer que las amenazas de los fundamentalismos islámicos son algo palpable en nuestro día a día.
Antonio Germán. Ingeniero y empresario
Recordando el pasado
Tengo la sensación de que muchos europeos han olvidado su pasado, y si lo conocen es después de que se haya creado una nueva memoria que distorsiona la realidad

