Reescribirse es difícil, para empezar, hay que estar dispuesto. Además, requiere un montón de pasos previos: buscarse, reencontrarse, reflexionar… incluso dejar cosas y personas a un lado, y rescatar aquello que nos sienta mejor. Reescribirse suele suponer tener que cambiar cosas, con lo que eso cuesta, y sin la seguridad de que la nueva obra que escribamos vaya a ser mejor que la anterior. En cambio, no nos queda otra cuando las tapas de nuestro cuaderno están demasiado desgastadas, las hojas se sueltan y ya no cabe ni un tachón o mancha de café más. Quizá el problema sea justo ese, que esperamos a que nuestro cuaderno de ruta esté demasiado estropeado. Es lógico que nos cueste encontrar uno nuevo que nos guste y donde quepa todo lo que somos ahora, treinta, cuarenta o cincuenta años después de haber empezado nuestro relato.

Más del sesenta por ciento de la población española no trabaja su salud mental, es decir, no revisa su cuaderno más que de vez en cuando y deprisa y corriendo. La mayoría se sienten incompletos y ni siquiera son conscientes de haber perdido varios capítulos por el camino. Lo mismo les ocurre a los jóvenes de entre 14 y 32 años que, aunque con menos páginas escritas, sufren malestar emocional frecuente e intenso, y arrancan hojas sin saber el porqué.

Me gustaría contarles que reescribirse es más fácil si, precisamente, se utiliza la escritura como herramienta para sacar lo que llevamos dentro, atascado entre rutinas, obligaciones y sucesos acumulados pero no digeridos. Aunque no te guste leer, aunque odies escribir, aunque cometas decenas de faltas de ortografía y patees el diccionario cada tres frases, te pido que lo hagas: ESCRIBE. Porque escribir nos conecta con el subconsciente, nos libera, nos ayuda a ordenar ideas, a resolver problemas concretos, a aprender a escucharnos, conocernos y cuidarnos. Así nos daremos cuenta del estado lamentable de nuestro cuaderno antes de que se rompa o, peor, antes de acabar olvidado en un cajón. Tan olvidado que ni siquiera su autor recordará dónde se perdió.

Coger un folio en blanco y un bolígrafo cada mañana y sentarnos a escribir en automático (del tirón y sin pensar), durante cinco o diez minutos, puede aligerar muchísimo nuestro malestar. Es una práctica sencilla, barata y al alcance de todos que nos ayudará a poner más bonito nuestro cuaderno y nuestro día a día.

Cristinica Gómez. Cosas de locos