Estamos siendo testigos del exacerbado desarrollo de las energías renovables y del ecologismo radical. En base a esto, y de un día para otro, nos despojaron del medio de vida de nuestra comarca, cerraron las minas, derribaron la térmica y nos vendieron a cambio un plan de transición ‘justa’ donde, todo el empleo destruido se volvería a crear. Años después, de esta famosa transición solo tenemos un gran solar vacío, negocios cerrados y vecinos haciendo las maletas.

De repente, aparecieron llamando a nuestras puertas representantes de grandes empresas energéticas -o empresas inversoras en el peor de los casos- ofreciéndonos ciertas sumas de dinero por alquileres a 30 años, prorrogables a 50, por nuestras tierras. Las cifras ofrecidas, conforme se iban firmando contratos iban bajando, pero los contratos se iban cerrando a la vez que se cerraban las puertas al desarrollo.

Nuestro paisaje está cambiando. Hemos dejado de ver trigo, cebada y avena en nuestros campos para ver bastas extensiones negras, valladas y vigiladas por cámaras de seguridad. Porque, a pesar de que a muchos se les llena la boca al vender las virtudes de estos parques eléctricos y del empleo que supuestamente generan, la realidad es distinta. Cuando pasamos los de siempre por ahí, sólo vemos cámaras. Y el empleo que genera, siempre de manera temporal, no se queda en el territorio. Aragón cuenta con cerca de 5.000 megawatios de potencia eólica instalada, que suponen 1.225 puestos de trabajo. En cambio, la comunidad autónoma vasca con 153 megawatios alcanza más de 2.700 empleos asociados. Es decir, Aragón tan sólo genera 0,25 empleos por cada megawatio instalado; mientras que la comunidad autónoma vasca genera 18 empleos por megawatio. Esto sucede porque el empleo de la energía eólica se limita a las zonas en las que se encuentran las industrias.

Vienen empresas especializadas, montan los parques con el 90% de los trabajadores de fuera, terminan y continúan en otras poblaciones. Mientras, a kilómetros de distancia, hay una persona que controla los sistemas y las cámaras de manera remota, muchas veces sin saber ni siquiera donde está Andorra.
Es del todo irracional que desde 2018 el 44% de la energía eólica que se ha instalado en España se encuentre en Aragón. Esto es síntoma de un territorio sacrificado por una burbuja energética para garantizar el suministro a otras provincias y comunidades, con escasos efectos positivos sobre el desarrollo local.

Siempre he sido una férrea defensora del medio rural, propagando a los cuatro vientos que es un buen lugar para vivir. Pero para que esto siga siendo así, debemos defender la conservación del paisaje, de nuestros cultivos. Merecemos las mismas oportunidades y no somos ciudadanos de segunda ni de tercera. No nos pueden sacrificar en beneficio de las zonas urbanas y del fanatismo climático.

Aroha Rochela. Vox / Andorra