Un año más el Bajo Aragón Histórico recrea en sus diferentes procesiones y actos religiosos un hecho histórico como es la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Una celebración que merece la pena ser vivida recorriendo los municipios del territorio al toque de tambores y bombos bajo el paraguas de una exaltación religiosa que ha sido reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional, Fiesta de Interés Turístico Internacional y como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Una Semana Santa que, este año 2023, nos advierte de que estamos a las puertas de unas nuevas elecciones autonómicas y municipales que nos darán nuevamente la libertad de elegir a los representantes para nuestras instituciones y será la hora de valorar al Gobierno de Aragón, la hora de valorar si las promesas que se han ido realizando durante este periodo de tiempo se han convertido en realidad, la hora de valorar si Aragón esta mejor o peor que hace cuatro años.

Y repasando los hechos históricos del Gobierno de Aragón a lo largo de los últimos 4 años destacaría la ilusión que se ha ido generando en la sociedad aragonesa con anuncios pomposos que han estado llenando de ilusión a la sociedad aragonesa y que con el paso del tiempo se han ido convirtiendo en frustración.

¿Quién no recuerda el anuncio del Sr. Lambán de las empresas y los millones de euros que iban a llegar a las cuencas mineras y que iban a crear cientos de puestos de trabajo? o ¿Quién no recuerda en anuncio de que Aragón iba a celebrar los juegos olímpicos de invierno junto a Cataluña? Quizás alguien recuerde el anuncio de que Aragón iba a acoger una fábrica de baterías que iba a crear 2.500 puestos de trabajo o que el Sr. Lambán se comprometía a desarrollar un modelo energético propio para que los aragoneses tuvieran la energía más barata. Si alguno ha escuchado o visto en prensa alguno de estos anuncios, a estas alturas debe saber que han sido solo eso, anuncios. Eslóganes que solo tenían el objetivo de ilusionar a la gente, pero que a día de hoy, se han convertido en frustración. Porque a Andorra no han llegado las empresas ni los puestos de trabajo prometidos, tampoco se van a celebrar los juegos olímpicos de invierno, ni vamos a tener la fábrica de baterías, ni un modelo energético propio para tener la luz más barata.

Siento impotencia al ver cómo han ido deteriorando la sanidad pública aragonesa, a pesar de que los aragoneses estamos entre los españoles que más impuestos pagan. El Sr. Lambán llegó como el nuevo mesías, el salvador de la sanidad pública, pero la realidad es que en estos cuatro años hemos vivido la falta de especialistas o como se reducía el servicio de transporte sanitario urgente en muchos municipios de nuestra provincia de 24 horas de servicio a 12 horas. Problemas muy graves de salud estarán a expensas de la diosa fortuna para que, si por desgracia ocurren, surjan durante las 12 horas que hay servicio de transporte sanitario urgente.

Por otro lado, los aragoneses, tenemos el privilegio que nos ha otorgado el Sr. Lambán de ser los pacientes que más deben esperar para poder realizarse una intervención quirúrgica. Hechos que son el resultado de un recorte en el presupuesto de sanidad y que nos han llevado a pasar de ser la segunda sanidad mejor valorada de España a ocupar el puesto decimo tal y como refleja el informe de la Federación de Asociaciones para la defensa de la sanidad pública. Datos que demuestran que la sanidad no va de partidos ni de ideologías, que tampoco se defiende con manifestaciones organizadas por sindicatos afines a la izquierda, ni con pancartas y camisetas, la sanidad pública se defiende con un buen presupuesto y gestión.

Ahora toca disfrutar de estas fiestas de Semana Santa, dejar los problemas a un lado y disfrutar con la familia y amigos de estos días de celebración. Una Semana Santa la del 2023 en la que muchos aragoneses esperan con ilusión que sea la antesala del cambio en Aragón.

Juan Carlos Gracia. Diputado PP en Las Cortes