La Semana Santa en la Ruta del Tambor y Bombo del Bajo Aragón se presenta como una experiencia única, donde tradición y modernidad se entrelazan en un vibrante espectáculo de fervor, emoción y convivencia. Este año, la inauguración de los actos ha sido un auténtico homenaje a la historia y la identidad de la región, subrayando la fuerza de una pasión compartida que une a generaciones enteras.
El discurso del presidente de la Academia de Cine, D. Ángel Fernández, encargado de pregonar el inicio de la celebración, no solo ensalzó la riqueza cultural del Bajo Aragón, sino que rindió tributo a D. Luis, entrelazando con Carlos Saura, otro célebre aragonés, figuras clave en la proyección internacional de esta tradición. Donde el recuerdo de finales de los años sesenta conjugó cine y tradición.
La plaza de Calanda, bajo la sombra de su casa natal, del insigne director, fue escenario de un acto cargado de emoción, con la historia latiendo a cada paso.
Tambores y bombos, junto a la entrega de cofrades de todas las edades, convirtieron la plaza en un mosaico de sonidos y colores. El morado, el negro y el azul celeste ondeaban como símbolos de identidad, unión y legado. Una tradición que trasciende el tiempo y el espacio, y que sigue latiendo con fuerza en el corazón de quienes la viven.
Desde cada rincón, el eco de los tambores intensifica la experiencia. Al romper el silencio, su estruendo se transforma en un instante casi místico. Ese «mantra sonoro», más que un simple ritmo, es la expresión sincera de un fervor colectivo.
El Bajo Aragón se convierte en esa comunión perpetua de sentimientos, donde lo local, fuera de ser localista, se convierte en global, donde cada año se incrementa el número de visitas por municipio: el redoble por excelencia en Alcañiz, la rompida de Calanda por su grandeza, o el drama de la Cruz en Alcorisa.
Donde lo complicado es elegir lugar y horario, y el visitante se va con la sensación de sentir con pasión, lo que de alguna manera se escenifica. Eso no implica que la elección no sea lo importante, sino que como los capítulos de un libro, se hacen necesarios uno detrás de otro, pero todos imprescindibles para el conjunto.
Cada redoble, cada variación y cada golpe de los bombos, nacen en el alma de quienes participan.
Porque en el Bajo Aragón, la Semana Santa no solo se vive: se siente, se comparte y se celebra con cada latido de este legado que nos caracteriza y que, como hacen las tradiciones, nos hace cada vez más grandes.
José Miguel Celma. PP / Torrecilla de Alcañiz

