
Unas son cálidas, otras frías y ventosas como esta. Tempraneras o descolgadas en las que casi sale el Dragón en procesión.
Perdemos algunas referencias de lugares emblemáticos, de personas queridas a las que echamos tanto de menos en estas fechas que marcan el paso del tiempo.
En nuestro clan, ha sido siempre la fecha más importante del año.
Tres hijos y a cual más lejos. «-Jodo qué familia, paice una perdigonada», le dijo a mi padre un samordón; pero nunca faltamos a la cita ineludible desde donde estuviéramos. La Navidad hay que dividirla con la otra parte de la familia, pero estos días son «sagrados».
Esta noche pasada, la del Jueves Santo, es la que llaman en Sevilla «La Madrugá». La noche estrella en la que cruza el puente de Eiffel la Esperanza mágica de Triana, en la que sale la Macarena majestuosa, y corta el aliento la solemnidad dramática de El Gran Poder.
Mi padre no dijo nada. Entendía que, tras cinco años allá, quisiera saber qué era aquello: un lugar en el que hay durante todo el año un programa de radio semanal dedicado a los detalles de las cofradías y la preparación de la Semana Santa. El café El Especial, enfrente de la Facultad, tenía un letrero con pizarrín en el centro con una fecha en tiza que cambiaban todos los días, y en el que el Lunes de Pascua se podía leer: «Faltan 358 días para Semana Santa».
Estandartes de oro, tallas de calidad artística de primer orden, bordados finos, incienso mezclado con azahar perfumando las noches templadas, la voz del capataz dirigiendo a los costaleros para que la Virgen «baile» al son de la música, a la que contestan a contratiempo los bolones del palio golpeando contra los varales.
Vi entrar a la Macarena en su casa, clareando ya el día, con una saeta emocionante y dudo que pueda volver a ver algo semejante en mi vida, tan lleno de gracia, belleza y embrujo...
...de ahí cogí el primer tren en Santa Justa. Ya no podía más. Llegué a tiempo de ver recogerse La Soledad. Toqué por la noche hasta que me redoblaron los huesos y disfruté como nunca saliendo en El Santo Entierro. Somos raros raros, pero así somos.
Rubén Vidal. Caballete de Papel

