El arbolado de nuestra zona es variado: melocotoneros, olivos, almendros, carrascas, robles, chopos, álamos, olmos, pinos carrascos, rodenos y piñoneros, entre otros. El pH del suelo es alcalino, lo que favorece la presencia de especies características de este entorno.

Mi pasado como obsesivo expoliador de setas me dejó algo bueno: conocer muchas especies y, sobre todo, aprender a conservarlas y cocinarlas. Ya dejé de ser aquel que recogía todo lo que veía. Ahora, cuando encuentro una seta, lo primero que miro es su estado. No cojo ni las diminutas ni las excesivamente maduras. Solo recolecto las prime. Si están mojadas, tampoco, pues se estropean pronto. No conviene recolectar en días lluviosos. A menudo, mientras las recojo, ya voy pensando qué hacer con ellas.

Hoy ha salido soleado, así que voy al bosque. Un petirrojo. Mira, unos robellones. Los más pequeños los prepararé en escabeche: los limpiaré, escaldaré diez segundos en agua hirviendo, secaré, salpimentaré y confitaré en una cazuela con tres partes de aceite por una de vinagre jerezano. Enfriarán en el mismo líquido; después los escurriré y los usaré como aperitivo, guarnición o en ensalada. Los más grandes los cortaré, escaldaré, salpimentaré y guardaré en frascos esterilizados con una mezcla 3/1 de aceite y vinagre. Los herviré media hora, dejaré enfriar y los conservaré en la nevera quince días (o un par de meses en lugar fresco). Si al abrir un bote tiene mal aspecto o la tapa está abombada, a la basura. Hay otras fórmulas para embotar, pero no suelo embotar: no acabo de fiarme.

Vaya, unas Macrolepiotas. Espectacular familia. Les hago una foto y echo una a la cesta: no es fácil de conservar; la única forma que me ha funcionado es hacer croquetas y congelarlas. Unas trompetas: cogeré algunas y las secaré enhebradas para disfrutarlas en invierno. Aún me quedan colmenillas secas de primavera: un día de estos haré un conejo con ambas especies y un trozo de chocolate. ¡Jopeta! Unos babosos: pasado mañana, fricandó. Bueno, creo que ya vale, me voy a casa.

¡Ostras, casi los piso! Al bajar del coche no me había fijado: unos Coprinus comatus. Se estropean en pocas horas. Fernando Jordán me enseñó un buen método para congelarlos, que también uso con otras setas: se saltean, se reserva la primera agua, luego la segunda y, si sale más líquido, se deja reabsorber. Esa agua, congelada en cubitos, es magnífica para arroces o fideuás.

Al final he decidido hacerme una caponata con un poco de cada especie y unas berenjenas que me regaló la Rosy, y caramelizaré unas trompetas para postre. Y, qué córcholis, cuando tenga unas cuantas trompetas secas, las meteré en una botella de orujo que me regaló Mirian: en tres o cuatro meses tendré un licor espléndido.

Hay setas que matan: solo recolectad las que se conozcan bien. Los niños son los más afectados en caso de intoxicación.

Coco Balasch. Asomado a mi ventana