Durante varios años fui un recolector masivo; la avaricia y el afán me llevaban a llenar cestos y cestos de setas: pieamarillo, robellones, babosos, boletus de todo tipo, amanita de los césares, negrillas o colmenillas, que apilaba en cajas en el maletero; incluso tumbaba los asientos. Perfeccioné la recolección de tal manera que ya nunca iba a lugares al tuntún: hacía un seguimiento exhaustivo de la climatología y acudía a los sitios donde sabía que iba a haber una floración abundante, fuese donde fuese que se diese: Pirineo aragonés, catalán o navarro, Sierra de Guara, Jacetania, Ibérica, Sierra de Albarracín, Moncayo, Montes de Paniza, Cinco Villas, País Vasco, incluso Francia y, en un par de ocasiones, Italia con furgoneta refrigerada. Entraba en los bosques con rapidez: el objetivo era recolectar lo más posible. Después venía la limpieza y la conservación (un coñazo). Todo era competición: cuando iba con alguien competía contra él, y si iba solo competía contra mí. (No es recomendable ir solo: en la Sierra de Guara se perdió un setero y, al año siguiente, otro setero desorientado lo encontró cadáver).

Un día, no recuerdo cuándo, me senté sin prisa a contemplar y escuchar el entorno. Volqué la cesta a mis pies, cogí las setas una a una, las limpié y las volví a meter en el cesto. Fue una experiencia muy agradable. Volví a casa con media cesta; nunca más he vuelto a cargar cajas en el maletero.

Actualmente sigo mirando la climatología, pero solo para saber qué tiempo hará el sábado (las apps aciertan bastante). Si veo que va a salir un día agraciado, planeo una salida.

Salir con la familia o amigos, sin ansias, planteando la jornada como un paseo; encestar solo lo que conoces bien y, de eso, lo que tenga mejor aspecto; limpiarlo con cuidado antes de meterlo en la cesta; detenerte junto a tu niña a oler el bosque y escuchar algún pájaro; enseñarle que recolectar setas no es una competición… Creo que es uno de los mejores planes posibles del otoño (hay setas todo el año, pero eso es otro tema). Es un gozo disfrutar de la recolección y después quedar para zamparte parte, quizá con un buen vino de la zona. Además, las setas, cuando vas de tranqui, tienen una ventaja añadida: no hay que madrugar, ya que no se desplazan, y vayas cuando vayas van a seguir en el mismo sitio.

Recolecta solo lo que conoces al cien por cien: el efecto del veneno es proporcional al peso, y los niños corren mayor peligro. Salir al bosque debe ser una fiesta, un momento para disfrutar. La recolección ha de ser pausada, nunca una competición: la avaricia y la prisa provocan errores y accidentes. Carga bien el móvil.

Coco Balasch. Asomado a mi ventana