Es totalmente necesaria y urgente su derogación. Un cambio en la ley laboral que el PP salvajemente reformó en 2012. Lamentablemente las empresas han hecho bueno el famoso refrán "a río revuelto ganancia de pescadores". Los famosos expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) y los Expedientes de Empleo (ERE) -estos últimos de finalización de la relación laboral-, han sido un nido de carroña donde muchas empresas, no todas, se han aprovechado para aligerar sus plantillas.

Contratos basura, despidos más baratos, mayor precariedad laboral, jornadas irregulares, bajada generalizada de salarios o aumento de la siniestralidad laboral, consecuencias todas ellas de esa reforma laboral.

Si damos algunos datos, podemos decir que en 2017 las empresas que decidieron hacer un ERTE o un ERE han sido 2.615 y el número de afectados por esta medida ha sido de 54.497 trabajadores, de los cuales 20.813 fueron a la calle.

Ante esta situación todavía cargamos contra los sindicatos, nexo de unión entre los trabajadores y las empresas, ¿todavía no somos capaces de organizarnos para reivindicar nuestros derechos? Necesitamos creer en nosotros mismos. Tal vez la baja sindicalización de los trabajadores en España -solo de un 16%- es un obstáculo para los intereses generales de los trabajadores, o tal vez deberíamos de hacer en España lo que se hace en los países nórdicos, los cuales llegan hasta el 80% de afiliación, y que los acuerdos que negocian los sindicatos únicamente afecten a sus afiliados.

Los sindicatos deben existir si o si, es evidente. La patronal y el gobierno no dudan en insultarlos, no dudan en echarles toneladas de fango y cal viva, porque sin ellos, llámense el nombre que se llamen, los trabajadores estamos vendidos. Tenemos la obligación de unirnos, de salir a la calle y defender no solo nuestros derechos laborales sino también el futuro de nuestras y nuestros hijos. Se lo debemos a los que tanto lucharon por todos, dejándose en algunos casos hasta la vida.