El tema de la despoblación es el debate cotidiano. Todos los que sienten alguna responsabilidad en esta situación llevan años discutiendo las acciones que conviene realizar. Pero no se habla de un reparto inteligente de la población. Simplemente se trabaja para que los pequeños núcleos no sigan perdiendo habitantes y, eventualmente, se intenta acomodar nuevos residentes.
Dado que el número de nacimientos es bajísimo y el de fallecimientos crece, ya que la población está muy envejecida, no se ve otra forma de frenar la despoblación que no sea facilitar la llegada de nuevos habitantes. Como frecuentemente estos nuevos habitantes no tienen raíces en los pueblos, necesitan de todo para enfrentarse a la realidad. Aunque los nuevos habitantes aumentaran a la velocidad necesaria, los pueblos seguirían despoblados.
La causa fundamental de la despoblación es la dispersión en un número excesivo de ayuntamientos o de núcleos de población separados. Los servicios necesarios son casi imposibles de sostener en poblaciones menores de 10.000 habitantes. En alguno de mis viajes por regiones con semejantes dificultades he visto acciones que hasta ahora nosotros no hemos acometido. He visto gobiernos que han creado pueblos nuevos que en realidad consistían en pocos rascacielos en los que podía vivir la población de varios pueblos pequeños.
Una planta de esos rascacielos era la escuela, otra el consultorio médico, otra u otras plantas estaban adaptadas para residencias de mayores. En otras se adaptaban también espacios para garaje, biblioteca, servicios religiosos y locales comerciales. Yo he visto torres de 30 pisos con tres o cuatro pisos por planta que daban servicio, al menos, a 600 personas.
Me puedo imaginar la transformación que esta solución produciría en nuestros pueblos. He visto crear servicios con microbuses, haciendo circuitos por lo que antes eran pueblos separados, para atender las necesidades que durante un tiempo tendrían los residentes de estos nuevos edificios en acercarse a sus propiedades que ya no serían sus residencias.
Puede que hagan falta dos o más generaciones para crear las nuevas áreas residenciales con las que se eliminarían decenas o cientos de pueblos inviables, pero que acercarían a muchos a los servicios que hoy no se pueden ni mantener ni financiar. Quizás un primer paso sería la concentración en unidades no menores de 3.000 habitantes.
A muchos esta solución les parecerá un sueño o una pesadilla, pero si no se prueba se seguirán cerrando casas vacías en los pueblos. Casas que, por su antigüedad y por las dificultades económicas actuales, serán inhabitables en pocos años o simplemente ruinas. La política actual de segundas residencias, que cada día tiene tiempos más difíciles, aún se podría defender unos años en los pueblos en los que sus vecinos aceptaran la solución mencionada.
Todos tenemos inteligencia que puede encontrar soluciones que permitan a la sociedad progresar en la buena dirección. La que lleva a la prestación de los servicios necesarios a todos los ciudadanos y que solo será posible si todos, también los gobernantes, anteponen lo práctico a lo puramente especulativo, intelectual o político. Naturalmente hacen falta dirigentes que concentren sus energías en la modernización del país para todos, ya sean abuelos, padres, hijos o nietos.
Antonio Germán. Ingeniero y empresario


Qué gusto abrir la web de La Comarca y ver tu foto, con ese jersey tan llamativo, lo que es augurio de un rato de buena lectura y reflexión.
El rico es cada vez más rico y el pobre cada vez más pobre. De la misma manera, las ciudades son cada vez más pobladas y los pueblos más desiertos, sobre todo los muy pequeños.
De las causas ya hablas. Yo me pregunto por la forma de hacerse resistente a esa tendencia y lo que observo es un nacional/localismo muy cortoplacista.
Posiblemente nos deberíamos plantear si esta es la estructura territorial adaptada a la tendencia a la despoblación y si la estrategia de atomizar servicios es la más indicada junto con la utilización de los recursos como si fueran renta para los gastos corrientes… pero eso requiere un compromiso y unas miras que parece que nadie está dispuesto a hacer, porque es mayor la preocupación de la orquesta que tocará en las fiestas o por liarnos a palos por si la lengua que hablamos se llama así o asá.
Nosotros es posible que todavía no veamos pueblos desaparecer, pero las generaciones que vienen detrás verán como el Más del Labrador no es una excepción.
Un abrazo