Tuve el honor de recibir un reconocimiento por parte de la Asociación de Ganaderos de Ovino y Caprino del Matarraña en la Feria Ganadera de Valderrobres ¡Con manta de pastor incluida! Me trasladaron que estaban muy contentos por la «sensibilidad» que tuve desde Matarraña Radio y La Comarca a la hora de tratar todas las problemáticas que envuelven al sector. Comenté que simplemente cumplí con mi trabajo. Pero sí que es cierto que estoy convencido de que cualquier aragonés y cualquier ciudadano de la España interior debería de ser muy sensible con el pastoreo y con la ganadería de ovino y caprino, que es una seña de nuestra identidad.

Es una actividad que tiene milenios en nuestro solar y que corre un serio peligro de desaparecer. Con ella lo haría nuestro cordero, cabrito... así como miles de productos derivados como el queso, la lana (que era un artículo casi de lujo y ahora su precio está por los suelos) y un largo etcétera. Es un sector al que solo se le ponen trabas administrativas y, literalmente, también a la hora de que los animales vayan a pastar. Una excesiva burocratización de todo y un control a todas luces sobredimensionado. Todo ello motiva que no haya relevo generacional. A ello se suma que la profesión de carnicero también está languideciendo.

Y todos debemos de preguntarnos por qué, si tanto hablamos de sostenibilidad, de agendas sostenibles y de políticas y medidas que inyectan ingentes recursos en determinadas iniciativas y proyectos, por qué no está ahí la ganadería extensiva de ovino y caprino. Parece que se asuma que es una actividad que en unas décadas sea algo así como un oficio exótico o perdido.

En otros países como en Francia se fomenta el orgullo de desarrollar tan noble actividad y se cuida más a los productores. Se apoya también la elaboración de sus productos derivados, como las queserías. Pero aquí como siempre, a lo nuestro, a intentar correr y ser lo más rápidos (que no los mejores) en ser «los más sostenibles» en algunas cosas, sin ver que tenemos en nuestras narices una actividad económica como la ganadería ovina y caprina, que lleva milenios demostrando ser sostenible y ecológica en nuestro país: limpiando montes, bosques y riberas; alimentando a la población y fomentando la economía circular.

Lamentablemente, aquí solo somos «sostenibles» para lo que a algunos pocos les interesa.

Javier de Luna. Nadie al volante