Están las tecnologías de la información y la comunicación, conocidas como las TIC, devorando nuestras vidas? Con distanciamiento social y con las mascarillas a las que nos obliga la pandemia, el mundo se cuela en nuestras mentes a través de los mensajes que recibimos en los teléfonos inteligentes, las tabletas o los ordenadores. Nos llegan informaciones, fotos, vídeos, memes, comentarios. Pueden ser negacionistas, conspirativos, certeros, quién sabe.
Un libro leído recientemente sobre este asunto ha venido a incidir en algo quepuedo ver en el día a día propio y de quienes me rodean. El título del libro La nueva edad oscura. La tecnología y el fin del futuroda pistas de la complejidad de un mundo que ignoramos pero que nos afecta. Su autor, James Bridle, muestra mecanismos que actúan a través de estas TIC y que están incidiendo, aún sin darnos cuenta, en cómo vivimos y en nuestros grados de libertad. Como un aldabonazo en nuestras ya sacudidas vidas, alerta de un horizonte que da por finiquitado el futuro, "en el que la promesa contemporánea de un conocimiento brindado por la tecnología puede traernos justo lo contrario: una era de incertidumbre, algoritmos predictivos y minuciosos sistemas de vigilancia". En las clases de física como alumna universitaria, nos frustraba mucho cuando un profesor, tras explicarnos las entrañas básicas del material del que se nutre la informática, nos decía que, ante un aparato, finalmente había que seguir las instrucciones del fabricante. Hoy sigue habiendo instrucciones de aparatos, pero no las hay para comprender una realidad sometida al albur de la complejidad de las redes.
No obstante, distingamoslas TIC ysu uso, del saber científico. La ciencia básica, el conocimiento científico que ha dado lugar a las tecnologías, también a las vacunas entre ellas, no es incontrovertible, pero es el mejor que tenemos. No podemos perder la esperanza. Sólo hace falta depositarla en nichos confiables, que no son las redes sociales sino una formación ciudadana asentada en una cultura científica asequible, basada en un conocimiento contrastado con los limites materiales del mundo. El horizonte de la vacunación generalizada señala la única vía para frenar este virus. Las vacunas son resultado de la aplicación tecnológica de los saberes acumulados, forman parte de la cara amable de las tecnologías. Pese a las controversias distorsionadas por las redes sociales, las vacunas nos permiten mantener la esperanza de que pronto recuperaremos la libertad, ahora restringida por necesidad.
Carmen Magallón - Fundación SIP y WILPF España

