Este fin de semana volverá a rodar el balón en los campos y pabellones de todo Aragón. Tras varias jornadas de parón a causa de los confinamientos perimetrales se da luz verde al regreso de las competiciones de carácter nacional con la condición indispensable que habían exigido los clubes; habrá público en las gradas, algo sin lo que muchos se verían abocados a la desaparición. La decisión de la Federación es tan lógica como carente de sentido. Lógica porque los otros 17 grupos continuaban jugando y el desfase empezaba a ser importante, carente de sentido porque choca frontalmente con las medidas cada vez más restrictivas para frenar el virus.

Conviene recordar que en la comunidad hay 130 muertos semanales y cerca de 1.000 positivos diarios a excepción del archiconocido ‘efecto fin de semana’ (bonito eufemismo para edulcorar que de viernes a domingo no se trabaja lo suficiente), que otras autonomías han solicitado un nuevo encierro o que en media Europa ya han entrado en vigor confinamientos domiciliarios suavizados. Mientras tanto, aquí nos la cogemos con papel de fumar. ¿No les suena?

Es lo que tiene equiparar estas categorías (Liga Nacional Juvenil y Tercera en fútbol y fútbol sala) con otras infinitamente más profesionalizadas e intentar imponer el mismo ritmo de competición. De las muchas diferencias, la principal es que el jugador de Tercera no vive de esto sino que tiene su trabajo y en su día a día contacta con un abanico de personas al que es imposible monitorizar, por lo que el concepto de burbuja desaparece. Sí, la Federación facilitará tests y demás parafernalia, pero los vestuarios contagiados casi al completo y las primeras suspensiones son cuestión de días. Volverán los carajillos, los ‘uuuy’ y los improperios al árbitro, pero me temo que no por mucho tiempo.

Adríán Monserrate