Hace un par de meses, mi propósito de año nuevo fue estar menos pendiente del móvil. Mirando alrededor, uno se da cuenta de que vivimos eternamente distraídos, angustiados por eso que los anglosajones llaman FOMO (el miedo a perderse algo, según las siglas en inglés). Tenemos el poder de desplazarnos de un lugar a otro con la yema de un dedo y eso hace que miremos todo, pero nada nos importe demasiado.

La falta de atención ha llevado a la sociedad occidental a un estado de anestesia en el que nos cuesta reaccionar emocionalmente. Ojo, que a todo el mundo le conmueven las imágenes de incendios, guerras y hambrunas… durante el tiempo que tarda el presentador en anunciar lo siguiente. Tal vez el hecho de que se nos presenten las tragedias en medio del bocadillo surrealista que forman las recetas de cocina saludable y los gatitos poniendo caras divertidas haya hecho que nuestra empatía tenga la misma esperanza de vida que un vídeo de TikTok. Una lástima.

No voy a demonizar el tiempo que pasamos cada uno delante de una pantalla fingiendo que nos gustan las fotos de los desayunos de nuestros antiguos compañeros de la escuela o resolviendo el acertijo de la palabra del día. Todos, o casi todos, hemos tenido, o tenemos todavía, una granja, ciudad, zoológico, hotel… virtual que mantener y sabemos que nos exige mucho. Un tiempo precioso que podríamos estar dedicando a cualquier otra cosa como leer, pasear o compartir con iguales de carne y hueso. ¿Estará todo relacionado?

Cuando nació la televisión, la literatura sufrió un revés. Es más sencillo dejarte envolver por las imágenes que hacer el esfuerzo de leer un libro. Con el mundo virtual sucede lo mismo. Es más fácil que te digan lo que tienes que pensar que hacerlo por ti mismo. Además, como nos han asegurado que el algoritmo nos sugiere en función de nuestros gustos, ¿cómo se va a equivocar? ¿A quién le importa que yo lea una u otra noticia? Yo no soy importante, pero si empezamos a sumar «yoes» tal vez la cosa cambie.

Mi propósito de año nuevo no iba encaminado al tiempo que paso delante de una pantalla, sino a mi intento serio de combatir esa apatía endémica que nos atenaza. A ver si la próxima vez que veo imágenes de muertos lejanos puedo reflexionar durante más de un minuto veinte.

Miguel Gardeta