En el pasado pleno de la Diputación de Teruel debatimos una moción del Partido Popular sobre la corrupción política que, por supuesto, tan solo hacía referencia a una serie de presuntos casos, algunos de ellos más bien conjeturas, en el entorno del Partido Socialista. La afrontamos sabiendo que no podemos negar la existencia de investigaciones abiertas que están provocando una profunda conmoción en nuestro partido, además de reconocer la existencia de una evidente resonancia mediática que ha sido oportunamente aprovechada por el PP provincial. Eso sí, creemos que este tipo de propuestas nada aportan al trabajo encomendado a los diputados y diputadas de acuerdo a las competencias de la institución.

Este tipo de mociones solo sirven para confundir y crispar. Buscan, por orden de los mandamases de Madrid, extender la duda sobre quienes nada tenemos que ver con lo que se debate, más allá de la militancia. Dirigen el dedo acusador sobre gente honrada y de bien a quienes los impulsores conocen y con los que tenemos relación personal. Nos obliga a entrar en barros que, afortunadamente, nos pillan lejos, y nos abocan al enfrentamiento.

Que no quepa duda, aunque es muy injusto tener que repetirlo siempre, que el Partido Socialista de Teruel y de España actúan con tolerancia cero ante la corrupción, afecte a quien afecte y caiga quien caiga. Y, como dije durante mi intervención en el pleno, espero que los demás partidos políticos lo compartan del mismo modo y actúen con la misma vara de medir en sus filas. Nosotros actuamos tan pronto como somos conocedores, exigiendo dimisiones, expulsando o impulsando auditorías y, por supuesto, colaborando con la justicia.

Claro que hemos sufrido grandes decepciones. Como la tendrían nuestros adversarios políticos si las personas en las que más han confiado les fallan. La decepción es grande y lo supuestamente ocurrido inadmisible. No vamos a defender lo indefendible: el que la haga que la pague. Pero no aceptaremos ni las lecciones ni los intentos de generalización que llegan desde el PP, calificando a todos los socialistas de «mafiosos».

Con la misma contundencia con la que condenamos la corrupción denunciamos también los intentos de sobredimensionar o dramatizar en exceso la situación. En ningún momento deberíamos olvidar que todos los asuntos a los que hacía referencia la moción del PP son, de entrada, presuntos. Con las investigaciones aún abiertas, sin autos de procesamiento, sin comenzar los juicios orales, distan mucho de las condenas por corrupción que afectan a los populares, incluida la que se dirige al conjunto de la organización por partícipe en asociación criminal a título lucrativo, los tres juicios en curso del caso Púnica, el del caso Lezo o de los más de 30 procesos ya programados para los próximos meses sobre distintas causas directamente asociadas al PP.

Y no es que nos aferremos al «y tú más». De hecho, estoy convencido de que cuanto más nos enfangamos en acusaciones mutuas, más rédito saca una ultraderecha que vive del desprestigio de las instituciones. Pero lo que no podemos aguantar los socialistas es la hipocresía en la que vive instalado un PP que va de «ejemplarizante» cuando tiene tanto que callar.

En mi intervención en la DPT hablé del caso icónico de Ana Millán, vicesecretaria de organización del PP en Madrid y diputada en la Asamblea madrileña, que ha sido por tres veces imputada por prevaricación, tráfico de influencias y fraude contra la administración pública. Informe de la UCO con indicios serios e instrucción elevada al Tribunal Superior de Justicia por su aforamiento. ¿Y qué ha hecho el PP? Nada. Protegerla. Aún más, su líder nacional Feijóo la ha nombrado organizadora del congreso nacional.

No se puede ser inquisitivo con los demás y permisivo con los suyos. Es una actitud vergonzosa que revela que al PP no le mueve la indignación por la corrupción, sino el oportunismo. El compromiso contra la corrupción está en la actuación: más allá de declaraciones sin efecto, hechos. En el PSOE hemos demostrado actuar cuando hay indicios, con total disposición a colaborar con las investigaciones, muy lejos de los martillazos a ordenadores de otros.

Rafael Guía. Secretario general del PSOE Teruel