A Escucha y Montalbán, a la empresa Genepol, han llegado trabajadores peruanos. Esta empresa, que aterrizó hace 12 años en Teruel, se dedica a la rehabilitación de bolsas de plástico que llegan de toda Europa. La plantilla la componen 120 personas.

Cuando se implantó no tuvo problema en encontrar aspirantes a trabajar porque había paro. Ahora no hay parados en la zona y la empresa ha recurrido a contratar en origen a trabajadores peruanos, que se han adaptado bien a su nueva actividad y al territorio.

La empresa ha pagado el desplazamiento y les ha ayudado a tramitar el permiso de residencia y trabajo y a convalidar el carné de conducir. En un plazo de dos meses serán 40 los peruanos contratados. Quiere apoyarles también en la reagrupación familiar, la meta de estos trabajadores.

El problema está en la falta de vivienda de alquiler en la zona. Los alcaldes coinciden en que es una ocasión única para que estas localidades crezcan con gente joven y con familias. «Una posibilidad que no debemos dejar pasar», dice el alcalde de Escucha. En Utrillas, el municipio más grande de la zona, su alcalde lamenta que hace casi 20 años que no se construye vivienda de protección oficial.

Queda claro que esta llegada de trabajadores peruanos es un ejemplo modélico del mejor modo de impulsar la incorporación a nuestro país de personas que son necesarias y que, al mismo tiempo, se puedan integrar laboral y socialmente con facilidad. Y en el caso de los que ya están aquí, se precisa impulsar la formación profesional entre los jóvenes y una preparación activa de los adultos que están en paro. Sin formación profesional y sin trabajo es imposible que las personas se integren en la sociedad.

Ante la vivienda, un problema que se hace cada vez más difícil, es necesario sumar el esfuerzo de todos. En primer lugar, del Gobierno aragonés y de los ayuntamientos, para encontrar una solución. La misma empresa Genepol ha lanzado ya una propuesta: adelantaría la financiación para rehabilitar las 89 viviendas que la DGA construyó en los años 80 y que quedaron deshabitadas tras el declive de la minería.

Carlos Sauras. Sobre el papel