Así nos califica Trump, como aliado terrible, solo que se le olvida puntualizar que el más horrible de todos los aliados son y han sido ellos siempre. Los episodios de traición y apuñalamiento por parte estadounidense son reiterados en la historia, desde el muy dudoso hundimiento del Maine, pasando por las dos invasiones de Marruecos al territorio patrio, Sahara y Perejil: una con un Franco moribundo, en la invasión más inteligente y rastrera nunca vista, y la de Perejil cuando Aznar se arrastraba con acento texano, en un alarde de patetismo y servilismo vomitivo, mientras Marruecos invadía, ambas acciones imposibles de realizarse sin la aprobación de Washington.

Otros episodios cuestionables como el asesinato de Carrero Blanco y la más reciente humillación a toda Europa, amenazando quedarse Groenlandia por su cara bonita, mientras Europa se inunda en la baba de sus dirigentes que no dudan en adular al amo. En España los aduladores están bien representados por Feijóo y Abascal, que han corrido a la voz del amo moviendo la colita, aunque sepa todo el mundo que el emperador y sus locuras nos acaban de meter de nuevo en un lío de dimensiones épicas.

Cualquiera que pierda un minuto en hacer un mínimo análisis de la situación sabe perfectamente que a Trump le dan igual los derechos humanos, las mujeres iraníes o los homosexuales. Eso solo son patéticas pinceladas de los arrastrados de profesión para justificar al vaquero. Trump quiere lo de siempre: el negocio, el petróleo iraní, solo que esta vez se ha encontrado un hueso duro de roer, la República Islámica sumida en la más fuerte crisis interna de sus últimas décadas y con un modelo contestado por una gran parte de su sociedad.

No se debe obviar que al menos la parte que todavía tienen de apoyo popular, que no es tan poca, tiene impregnada en su ser la cultura del martirio, la lucha hasta el final, y será difícil cambiar el régimen salvo que se entre en el terreno, con lo que ello supone. Algunos recordamos lecciones del pasado, como combatieron a Irak en los ochenta o cómo no les tiembla el pulso para tirar contra lo que tengan que tirar. Les da igual un estudiante inocente o el Burj Khalifa: los van a dejar demolidos, pero ni siquiera eso garantiza la rendición.

La involución del mundo es monstruosa. Trump es un hombre peligroso, capaz de meter a todo el mundo en una guerra con tal de saciar su ego, un hombre que no respeta alianzas ni dinámicas de política internacional y encima tiene a los perritos moviendo la cola.

Qué vergüenza e indignidad la de los Abascal de turno y compañía. Luego se creen que son los tercios o te empiezan a contar historias para no dormir del acero toledano con el que España conquistó medio mundo. Pues esos mártires de la Santa Cruz ahora son sionistas, anglosajones, apoyan todo lo que sea contra España y cualquier día te dirán que Milei o Trump son más españoles que los que no pensamos como ellos.

Víctor Puch