Hay lugares donde el compromiso se saborea. El viernes, en Belmonte de San José, la ruralidad tenía forma de fideuá, noodles, minihamburguesas, albóndigas, risotto, huevos con gulas, coca de cebolla o rollitos de salchicha. En un pueblo de 114 habitantes, las fiestas consiguen el pequeño milagro de multiplicar las manos, las ganas y la vida.
En plena plaza se vivía más que una feria de la tapa. Era esa forma tan nuestra de demostrar que un pueblo sigue vivo cuando muchos deciden empujar a la vez. Se cocina, se sirve, se recoge. Alguien avisa por el micrófono de que queda una servilleta en el suelo y enseguida la plaza está preparada para el bingo. Vecinos con carácter ponen orden al jolgorio mientras juegan niños, jóvenes y mayores. Y se llena el bar, ese pequeño parlamento rural por el que pasan vecinos, turistas y transeúntes. Acaba de ampliar su maravillosa terraza con vistas. Allí una vecina poeta sirve las mesas. Ojalá siga adelante. No queremos más bares cerrados. Vayan, no encontrarán nada igual. Ya saben que un pueblo sin lugares donde encontrarse empieza a quedarse sin conversación y, por tanto, sin comunidad. En fin, que fui a Belmonte a recibir el premio Mirador del Bajo Aragón, con un cariño que todavía me acompaña, y me vine llena de ilusiones, curiosidad y simples gestos de esos que nos reconcilian con la vida. Así, regresé a una certeza. Los pueblos no sobreviven por inercia sino porque alguien insiste. Son tozudos sus vecinos y también esos alcaldes y concejales a quienes llamamos políticos cuando su día a día tiene mucho más de gestor, mediador, cuidador y voluntario permanente.
Y Belmonte da motivos para insistir. Forma parte de la Red de Pueblos Mágicos de España y conserva esa belleza serena de tantos pueblos del Bajo Aragón Histórico hecha de piedra, silencio, pinares, calles cuidadas y un patrimonio que emociona por su presencia callada y oculta. Lo difícil no es tener ese tesoro sino saber verlo y conseguir que otros también lo vean.
Belmonte de San José tiene la suerte de contar con Alberto Bayod. Lleva dos legislaturas como alcalde y posee una mirada comprometida y formada. Es motor. Como historiador, sabe que el patrimonio es identidad, nos hace únicos y se encuentra en una fotografía recuperada, en una publicación histórica, en la tradición aceitera o en una Carta Puebla. Patrimonio es la nevera medieval, el mirador de la Predicadera, los pinares y el paisaje. Conservar la memoria también consiste en decidir qué merece viajar con nosotros hacia el futuro y conseguir que otros lo descubran. En ello están. Él y su equipo (3 concejales en total), como tantos ediles rurales, trabajan muchas veces en silencio, poniendo horas, pasión y compromiso donde casi nunca hay cómo pagarlos. Se me olvidó decirlo durante mi intervención, quizá por la emoción, así que aquí queda: ¡vivan los concejales rurales!
Estos días de fiestas, cuando tantos alcaldes y concejales terminan agotados pero felices, pienso que son ellos quienes merecen buena parte de los aplausos. Su paciencia es inagotable como vecinos, ruralistas, mediadores e impulsores.
Gobernar un pueblo pequeño también consiste en estar para todo. En escuchar una queja en la calle, buscar una solución imposible, abrir una puerta, llamar a otra administración, acompañar una fiesta o pelear por una ayuda que quizá nunca llegue. Aquí la política tiene nombre, rostro y teléfono. Y casi nunca permite esconderse detrás de un despacho. No abundan las personas dispuestas a asumir esa responsabilidad, con esa mirada comprometida y sin salario. Estamos en el último año de legislatura. Hay que ayudarles, apoyarles y evitar que se rindan. Queda mucho por mirar. Y mucha gente que merece que aprendamos a hacerlo.
Eva Defior. Sexto Sentido


Comete un error de primero de Periodismo. Si menciona con nombre y apellidos al alcalde, debería hacer lo mismo con los concejales. Se podría entender la omisión si fuera una larga lista, pero son solamente tres en total, como escribe en su artículo. Al alcalde lo llama por su nombre y a los otros dos… También se olvida de los dos ediles de la oposición.