Desde luego, con Santos Cerdán, le ha salido al PSOE una muesca en el revólver de imprevisibles consecuencias. Su lengua viperina puede desatarse en cualquier momento y no ha dudado en avisar a los navegantes con la retórica empleada en su respuesta a Alfonso Gil, senador hasta ahora desconocido, al menos para mí, pero del que creo que ya no olvidaremos su nombre.

El problema no es saber si de verdad el señor Alfonso Gil no es el indicado para hablar; el problema es que, dada la sucesión de escándalos, nadie duda que las afirmaciones de Cerdán pudieran tener una base real. A ese extremo hemos llegado principalmente por la inacción del partido, que parece carcomerse y se empieza a acercar peligrosamente al comportamiento de las organizaciones criminales. Que se destape todos los días un escándalo no es casualidad, eso es evidente. Todos sabemos cómo funciona nuestro país, pero que Santos Cerdán se sentara a la derecha del padre es exclusivamente culpa de Sánchez, por eso ahora no tiene más remedio que apechugar con las consecuencias.

El otro problema, más profundo, del titular de Santos Cerdán es que es un reflejo del panorama político: nadie está para hablar. Recordemos hace un par de semanas aquello de "mafia o democracia", el partido político que ha tenido más casos de corrupción de Europa, el PP, no dudó en utilizarlo en el enésimo ejercicio de cinismo. Así es nuestro tiempo: corrupción y mediocridad de la mano, dos factores dañinos de por sí, pero que combinados son la repera de lo mal hecho.

Y con la convocatoria de elecciones en Aragón, esa mediocridad de la que hablo se convierte en la primera protagonista de la actualidad política, porque nosotros, en Aragón, tenemos dos trofeos de caza mayor de la medianía política. Esperamos que solo en eso destaquen y no en el otro campo que citaba anteriormente: Jorge Azcón y Pilar Alegría.

De nuestro presidente, es que ya me empieza a poner nervioso casi todo lo que hace. El otro día me aparecía, por alguna razón (supongo que cosa de los algoritmos), enseñando una paella. Me dio por revisar sus redes y en las últimas semanas ha dejado tras de sí su imagen sosa de político profesional, por la de un Azcón que intenta mostrarse simpático con alardes de populismo. Gran suerte la suya de haber nacido en una era en la que, pese a lo malo que es, pasa totalmente desapercibido. Delante tiene a Pilar Alegría, así que muy difícil no lo va a tener, salvo que meta mucho la pata.

La coleccionista de cargos es otro ejemplo de cómo aferrarse a la política a cualquier precio. Aragón, siempre leal con España, presume hoy de representar, a la altura de lo requerido, la medianía imperante. No vaya a ser que el resto pueda pensar que tenemos algo distinto que ofrecer.

Víctor Puch. Sal en la herida