Cumpla los sueños de sus hijos y pase unos días en Disneyland París. Pase una semana en las playas paradisíacas de las Maldivas para poder desconectar de su estresante vida laboral. Empeñe incluso las joyas de sus antepasados para pasar un fin de semana en Ibiza. Viaje, viaje, viaje. Gaste, gaste, gaste.
Vivimos en una sociedad en la que se compran y se venden experiencias por encima de todo. Parece que si no te desplazas al menos 1.000 kilómetros para pasar tus vacaciones estás perdiendo el tiempo, las mejores sensaciones, la vida… Un mensaje con el que nos bombardean las 24 horas en anuncios, redes sociales, medios de comunicación.

Gente que se deprime esperando que llegue el momento de ir de viaje. Quizá la causa real de esta tristeza, en el fondo, es no saber ordenar qué es lo verdaderamente importante. Y, sin duda, no es ir de vacaciones cuando uno no puede llegar a fin de mes. Según un estudio de Cofidis, empresa de créditos, la demanda de préstamos para financiar vacaciones ha alcanzado niveles récord en este mes de julio. En un momento en el que la inflación sigue afectando a los precios de los alimentos y en que, en muchas zonas, en plena ola de calor, es necesario gastar en una forma de refrescarse para poder sobrellevar las altas temperaturas.

Creo que en el fondo de todo esto hay una pérdida de conciencia de clase, una aspiración a querer ser como esos influencers que vemos día a día en las redes que se pasean por hoteles de lujo y nos venden experiencias apasionantes. Al final, nadie quiere ser un «don nadie». Sólo hace falta ver cuánto dinero ganó Instagram en vender sus ‘tics’ azules, que la gente compra para sentirse relevante.

Recientemente, hablando con una compañera de trabajo, me contaba que había padres que sentían presión por tener que llevar a sus hijos a Disneyland París. Y, ella, decía que la clave para acabar con esa necesidad es la educación. Enseñar a tus hijos lo que tiene valor y que, a veces, uno no siempre puede hacer lo que quiere. Yo nunca fui de vacaciones en mi infancia. Y es cierto que siempre tuve inquietud por viajar y conocer diferentes lugares del mundo. Pero, de niña, fui muy feliz. Sin ir nunca de vacaciones. Así que, si se ven tentados en pedir un crédito para tal fin, guárdenlo mejor para invertirlo en la educación de sus hijos. A la larga, es mucho más rentable.

Lucía Peralta