Hay números que, cuando los miras con un poco de atención, cuentan una historia.

En Valderrobres vivimos 2.753 personas. De ellas, 2.015 tienen nacionalidad española y 738 tienen nacionalidades de otros países. En total, nuestro pueblo reúne a personas de 45 nacionalidades diferentes. Sí, 45.

Si alguien pensara que para encontrar diversidad hay que irse a una gran ciudad, bastaría con darse una vuelta por Valderrobres.

Aquí convivimos personas nacidas en España con 233 personas de nacionalidad rumana, 93 senegalesa, 84 colombiana, 56 maliense, 42 ucraniana, 37 marroquí, 29 británica y 19 argentina. También viven entre nosotros 15 personas italianas, 14 neerlandesas, 13 belgas, 10 gambianas, 8 de Costa de Marfil, 8 búlgaras, 7 venezolanas, 7 francesas, 6 kazajas, 5 peruanas, 5 hondureñas, 5 cubanas, 4 chinas, 4 ecuatorianas, 4 alemanas, 2 portuguesas, 2 polacas, 2 moldavas, 2 brasileñas, 2 rusas, 2 irlandesas, 2 de Estados Unidos de América, 2 guineanas y 2 paquistaníes. Y la lista todavía continúa: una persona de Paraguay, una de Tanzania, una de Nicaragua, una de Suecia, una de Argelia, una de Indonesia, una de Guinea Ecuatorial, una de México, una de Guinea, una de Suiza, una de India y una de Andorra.(*)

Hay quien llegó hace muchos años, quien acaba de llegar y quien ya considera Valderrobres su casa. Y lo más bonito es que, detrás de cada nacionalidad, hay una persona. Una persona que trabaja aquí, que compra en nuestras tiendas, que lleva a sus hijos al colegio, que se encuentra con los vecinos, que participa en las fiestas, que se sienta en una terraza, que juega al fútbol, que va a comprar el pan, que celebra un cumpleaños o que simplemente saluda por la calle.

En Valderrobres tenemos, además, una riqueza que forma parte de nuestra propia historia, nuestras lenguas. El castellano o español es una de las lenguas que nos permite comunicarnos y entendernos entre personas que llegan de lugares diferentes. Y junto a él está nuestro Chapurriàu, la lengua que forma parte de la historia, de la identidad y de la vida cotidiana de muchos valderrobrenses. Hay algo especialmente bonito que dice mucho de esa convivencia: algunas de las personas que han llegado a Valderrobres desde otros países entienden y hablan también Chapurriàu. Una lengua que no era la suya de origen, pero que han aprendido aquí. No hace falta que todos hayamos nacido en el mismo lugar para sentirnos parte del mismo pueblo. Ni hace falta hablar exactamente igual para entendernos. Aquí podemos escuchar diferentes acentos, diferentes historias y diferentes maneras de ver el mundo. Y podemos seguir hablando en castellano. Y podemos seguir hablando en Chapurriàu.

Los datos del Ayuntamiento nos permiten ponerle números a esa diversidad, pero la verdadera historia está en las personas que hay detrás de esos números. Porque 45 nacionalidades no son 45 mundos separados. Son 45 procedencias que hoy comparten un mismo pueblo. Y eso merece ser contado. Quizá por eso, cuando miremos dentro de unos años los datos de Valderrobres, no deberíamos preguntarnos solamente cuántas nacionalidades había. Deberíamos recordar cuántas personas hicieron de este pueblo su casa. Porque Valderrobres no ha dejado de ser Valderrobres por recibir a gente de otros lugares, al contrario. Valderrobres es hoy un pueblo con más historias, más acentos, más experiencias y más vida.

*Datos cedidos por el Ayuntamiento de Valderrobres.

María José Fontcuberta. El mundo el chapurriau