Un punto básico e imprescindible para realizar cualquier análisis, sea en la ciencia, sea en el ámbito social, es que las investigaciones y los datos que recogen han de ser segregados por sexos, condición necesaria -aunque no suficiente- para ajustar el conocimiento a la realidad. En este caso, es necesario, y se echa en falta, para identificar de qué modo viven y sufren el virus, hombres y mujeres. Un artículo reciente informaba de que el 80% de los efectos adversos de las vacunas eran reportados por mujeres. Según Carmen Valls, endocrinóloga y autora del libro Mujeres invisibles para la medicina: "En todas las vacunas ha pasado lo mismo. Las mujeres reportan siempre más efectos secundarios en las vacunaciones, porque tienen un sistema inmunitario muy diferente al del hombre, mucho más potente y que desata muchas más reacciones autoinmunes, biológicamente hablando" (cita recogida en https://bit.ly/2V4C2ty). En esta línea, una encuesta realizada a principios de este año por Laura Cámara, matrona de Granada, informaba de que el 51,2% de las 2.827 mujeres que la respondieron habían señalado algún efecto de la vacuna en su ciclo menstrual, aunque ninguno serio ni persistente.
Son indicios que muestran que para conocer mejor cómo actúa el virus de esta pandemia hay que tener en cuenta los datos segregados por sexos. Hay pocos estudios científicos todavía, pero los realizados señalan que no afecta por igual a hombres y mujeres. Eileen P. Scully y otros (Nature Reviews Immunology, 11 Jun 2020) analizaron el impacto del Covid-19 por tramos de edad y encontraron que las mujeres se infectaban en mayor proporción que los hombres, pero morían menos. En el cómputo global las cifras de fallecidos, hombres y mujeres, se igualaron, debido a cuestiones demográficas, ya que en los tramos de edad más alta, en los que se producían más muertes, hay una mayor proporción de mujeres. Estas diferencias se atribuyen en gran medida al papel que juega el cromosoma X, que es doble en las mujeres. Irónicamente, como ha señalado Isabel Delgado en su investigación de historia de la ciencia publicada por el CSIC en el libro El descubrimiento de los cromosomas sexuales, este cromosoma fue llamado el 'cromosoma accesorio', debido a que los hombres no tenían más que uno: una pequeña muestra del desdén con que la ciencia trató a las mujeres. Y, sin embargo, parece claro que la variable sexo no se puede obviar.
Carmen Magallón. Nuestro mundo común. Fundación SIP y WILPF España

