En el episodio de hoy de historias para no dormir, les narraremos la más que previsible historia en la que el vuelo de las cometas de las promesas se vuelve a estrellar contra ese muro de las lamentaciones de Occidente en el que están convirtiendo a Andorra. Como era de esperar, vamos camino de construir la tercera Roma, pero en este caso solo de ruinas; el esplendor de edificar la misma lo dejamos para una dimensión paralela, como si por un agujero negro se hubieran colado todos los cuentos que nos contaron, muy bonitos, eso sí, pero cuentos, conviene no olvidarlo.
Tampoco pongamos cara de sorprendidos, la verdad, sabíamos hace tiempo que nos engañaban. En esas promesas, la palabra tenía menos valor que en una mesa de póquer en Las Vegas; los que la mataron no la iban a resucitar, eso solo es propio de mesías y, desde luego, estos no lo son. El efecto placebo ya lo lanzaron hace años con sus falsas promesas, aunque seguramente sobrevaloraron la capacidad de resistencia y respuesta de nuestro pueblo, que, aunque no muerta del todo, ya dejaba mucho que desear. Si hubieran practicado el juego de la verdad tampoco hubiera pasado nada; con ello habrían paliado la ansiedad del pueblo, detenido la parálisis permanente y además hubieran probado las mieles y exquisiteces de decir la verdad por una vez, incluso les podría haber sentado bien, total, si el veneno de la mentira no ha sido capaz de matarlos, no lo iba a hacer el dulce y placentero sabor de la verdad.
Al final ni eran miles de empleos, ni era la lluvia de millones, ni era nada. Me consuela saber que, si un día viene una civilización extraterrestre para abducirnos, tal vez los de esta comarca tengamos más minutos para escondernos gracias al resplandor de esas placas que ya reflejan por todos los lados, cielo, tierra y bolsillos llenos de las multinacionales. Tenían que haber dicho la verdad, pero con tantos intereses por medio y con un mundo tan fariseo, eso era una quimera.
Ingenio, audacia, innovación, trabajo y olvidarnos de los cantos de sirena que vienen de otros lares, ese es el camino. El fontanero de Alloza, el albañil de La Zoma, el taller de Andorra que aún funciona, el agricultor de Muniesa, la Ruta del Silencio, la carretera nueva de Torrecilla a Castelserás, eso es lo nuestro. Ahí en esas tiene que centrarse nuestro esfuerzo, resiliencia y resistencia efectiva a través del trabajo, porque la diferencia entre esto y aquello es que esto no es ningún cuento y esto es lo que merece la pena que centremos nuestro esfuerzo.
Seguir queriendo pelear en grandes ligas, con cartas de mesa de guiñote jugando con los amigos en el caseto, que es lo que estamos haciendo, es una tremenda pérdida de tiempo con toda esa banda de tahúres. Vamos a lo nuestro y olvidémonos de la grandilocuencia de la ruleta de las promesas.
Víctor Puch


D.Víctor, firma usted un artículo de los que escasean. Basado en el sentido común, el realismo y la observación de la realidad tal como es, no como algunos esperaban que fuera. Frente a la retórica de las grandes promesas, reivindica el valor de lo cercano, de lo tangible y de aquello que se sostiene sobre el trabajo diario. Su reflexión transmite una sensatez incuestionable y una saludable capacidad para distinguir entre expectativas y hechos. Un texto tan lúcido como oportuno.
Tal cual…Bienvenido Mister Marshall