El desastre ecológico en 30 kilómetros del río Guadalope es de extrema gravedad. El pantano de Santolea, con 90 años de antigüedad, acumulaba cientos de metros cúbicos de lodos que han colapsado el río matando la vida de la fauna de manera irreversible. La Declaración de Impacto Ambiental y el proyecto contemplaban medidas para evitar esto, ahora se debe investigar con urgencia si no se tomaron, si estaban mal dimensionadas o si el agua se soltó demasiado rápido. La asociación Ríos con Vida lo ha denunciado y tanto la Fiscalía como la CHE (responsable de la obra) y el departamento de Medio Ambiente de la DGA estudian los daños. Resulta preocupante que dos meses después tenga que ser una asociación ecologista la que advierta de este enorme daño ambiental y no hubiese un control previo por parte de la administración en unos trabajos de tamaña magnitud. Las responsabilidades derivadas de esta situación acarrearán consecuencias importantes y multas, pero ahora lo que urge es evitar que el daño se siga extendiendo desde Calanda hasta la zona de Civán en Caspe. Asimismo, se debe valorar a la mayor brevedad posible las soluciones, si es que las hay, y decidir quién se debe hacer cargo de las mismas. A priori, no son sencillas ni baratas. Paralizar una obra que llevamos décadas reclamando sería un desastre social y los costes incuantificables. El trabajo físico que requiere limpiar y recuperar todo destruidos es enorme, casi inasumible. Cabe destacar que se han perdido todos los frezaderos de trucha autóctona que recuperaron manualmente voluntarios amantes del río para que los peces desovasen y poder así repoblar el río. Ahora, tal y como destaca el propio alcalde de Aguaviva, el río ha muerto en ese tramo. En este pueblo las afecciones causadas por el lodo también son preocupantes. Han perdido el agua de boca y se utiliza un pozo subterráneo con el que no podrán llegar más allá de primavera. Están realizando prospecciones para dar con nuevas vías de abastecimiento, pero la situación de incertidumbre es inadmisible. Nadie, ni desde Acuaes ni desde la CHE, les advirtió de que esto podría suceder. Es evidente que no se previó bien la magnitud del desembalse y alguien debe responder por ello. El asunto no debe terminar judicializado sin ofrecer respuestas y soluciones, porque ni las personas ni la flora y la fauna del río Guadalope gozan de este valiosísimo tiempo.