La semana pasada asistimos a uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos años en España. Un hecho que sin duda me dejo boquiabierta y me hizo recordar aquellos memorables años de estudio histórico en la universidad. El descubrimiento fortuito tuvo lugar en la localidad de Tomares mientras se llevaban a cabo unas obras de canalización. Casi 600 kilos de monedas de bronce y plata datadas en el siglo IV de nuestra Era aparecieron bajo tierra. Las piezas se encontraban depositadas en 19 ánforas. Las monedas ya se encuentran a buen recaudo en el Museo Arqueológico de Sevilla, donde serán estudiadas en profundidad por los profesionales de la ciencia histórica. El conjunto numismático es un hallazgo sin parangón en la historia de la Península Ibérica y ayudará a arqueólogos e historiadores a vislumbrar mejor otro minúsculo pedazo de nuestro país. Este impactante tesoro llenó de alegría a los vecinos del municipio sevillano, sabedores de que el nombre de Tomares iba a entrar a formar parte de los manuales de historia por la puerta grande.

La provincia hispalense atesora valiosos yacimientos arqueológicos, al igual que lo hace el Bajo Aragón Histórico siendo uno de los territorios con mayor densidad de yacimientos en la Comunidad Aragonesa, a pesar de que una buena parte de sus habitantes, más de la deseada, lo desconocen. Así, se pueden destacar algunos como el asentamiento del Plano del Pulido en Caspe o el de la Costalena en Maella, yacimientos clásicos del Epipaleolítico y el Neolítico. También señalar el Palao de Alcañiz, el Cabo de Andorra, La Tallada de Caspe, Els Castellans en Cretas, el de San Antonio en Calaceite o el Cabezo de La Guardia en Alcorisa, importantes exponentes de la cultura íbera; sin olvidarme, por supuesto, del magnífico yacimiento del Cabezo de Alcalá de Azaila, al que considero una de las grandes joyas arqueológicas de Aragón.

Decenas de historiadores y arqueólogos han trabajado durante décadas no sólo en estos yacimientos sino en muchos más buscando sacar a la luz nuestra historia. Este rico patrimonio se debe proteger. Además, debe ser divulgado y puesto en valor de manera más eficaz y vehemente. Estas tareas, que parecen olvidarse demasiado a menudo, deben de estar garantizadas por las administraciones tanto locales, como comarcales, provinciales y autonómicas.

Una buena iniciativa sería de la poner en marcha un completo museo en el Bajo Aragón Histórico, que muestre no sólo a los habitantes del territorio, sino a todos aquellos que lo visiten, la rica antigüedad de esta tierra. De esta manera, el patrimonio arqueológico pasaría a ser un foco más de reclamo turístico en el territorio. Tenemos casos como los centros de interpretación que conforman la Ruta de los Íberos en Bajo Aragón, que sin duda fueron una buena iniciativa a la que todavía se le podría sacar más jugo dotando de mayor infraestructura no sólo a los propios centros sino a los yacimientos íberos para su visita. Los bajoaragoneses tenemos que sentirnos igual de orgullosos de nuestro patrimonio arqueológico que los vecinos de Tomares, pues tenemos grandes tesoros que defender, cientos de ellos aún permanecen ocultos bajo nuestros pies.