Hoy en día nadie concibe el levantamiento de un edificio sin la previa creación de unos planos. Sin embargo, hace unos cuantos siglos no era así. Es el caso de la actual ermita de Pueyos. El templo, con diez siglos de historia y eje central de la devoción alcañizana, por fin tiene unos planos detallados de su estructura gracias al arquitecto, ya jubilado, Ramón Baquero.
Baquero trabajó hasta 2024 como arquitecto municipal, año en el que también entró como quinto en Pueyos. Como marca la tradición, cada quinta debe encargarse del mantenimiento del santuario durante todo el año y, además, dejar una marca identitaria para recordar el año en el que fue la encargada de cuidar a la patrona de la ciudad. Con esta premisa, el arquitecto alcañizano decidió levantar los planos de la ermita, o eso pensó en un primer momento.
«Inicialmente, yo no tenía previsto escribir este libro», explica Baquero. Su intención era documentar lo que los arquitectos denominan el «estado actual» del edificio. Hasta entonces, únicamente había localizado un pequeño croquis de 1974, incluido en un inventario provincial, que ofrecía una representación muy esquemática del santuario.

Sin embargo, el trabajo fue creciendo. «A raíz de los planos vi que se podía seguir un poco el proceso constructivo, prácticamente de diez siglos», relata. El arquitecto comenzó a consultar publicaciones y documentos históricos y encontró correspondencias entre las descripciones antiguas y las dimensiones que estaba midiendo. La investigación terminó convirtiéndose en un libro que no había previsto escribir, 'Diez Siglos de perseverancia en el tiempo'.
Una iglesia que creció con la devoción
En cuanto se puso a trabajar, Ramón descubrió que el origen de todo se vinculaba a la tradición de la aparición de María Santísima de los Pueyos en el siglo XII, cerca de donde hoy está la ermita vieja. Las narraciones históricas recogen distintas versiones de esta aparición, algunas relacionadas con pastores y otras con el propio nombre de Pueyos.
Sin embargo, la primera capilla acabó quedándose pequeña ante el crecimiento de la devoción. El origen de la iglesia actual se remonta al siglo XIII. «En ese momento el único criterio que se tuvo en cuenta era que la nueva tenía que mirar a la ciudad», detalla el arquitecto.
La nueva construcción se levantó a unos 200 pasos de la ermita vieja y orientada hacia Alcañiz. Según la reconstrucción de Baquero, mientras la primera capilla rondaba los 50 metros cuadrados, el nuevo edificio habría alcanzado aproximadamente los 150. A partir de entonces, el santuario comenzó un largo proceso de ampliaciones que dependía de las donaciones y de los recursos disponibles en cada momento.

Durante el proceso constructivo no había ningún tipo de planificación. «Se ve una planta ordenada, muy correcta, muy como si estuviera planificada desde el punto de vista de la ordenación, incluso de las proporciones. Pero esto en absoluto es así, porque no había ninguna planificación», detalla. En un primer momento, la iglesia solo tenía seis metros de altura y fue creciendo mediante sucesivas ampliaciones. La transformación barroca del siglo XVII, con la elevación de las cúpulas, resultó fundamental para configurar el templo que conocen hoy los alcañizanos.
Baquero también identificó elementos que podrían pertenecer al núcleo inicial de la iglesia. Entre ellos destaca una pequeña pileta cubierta por una cúpula, empotrada en un muro de mampostería de la fachada oeste, que considera posiblemente vinculada a una primera sacristía. A ello se suman restos de antiguos accesos y elementos constructivos que permiten interpretar cómo fue creciendo el templo.
El propio arquitecto advierte de que parte de esta reconstrucción se basa en hipótesis. Aunque ha contrastado sus interpretaciones con la documentación disponible, reconoce que algunas "podrían modificarse si aparecieran nuevas pruebas".
Del templo medieval a la transformación barroca
La evolución de Pueyos estuvo marcada por el crecimiento de la devoción, pero también por la intervención de diferentes instituciones. Baquero identifica la influencia del poder eclesiástico, de la Orden de Calatrava y de las autoridades municipales en las sucesivas ampliaciones.
Durante los siglos XIV y XV se realizaron nuevas obras que aumentaron la superficie del edificio. Más adelante, en el siglo XVII, la antigua fábrica medieval experimentó una importante transformación barroca. El arquitecto relaciona parte de estos trabajos con Juan de Marca, un maestro albañil de origen francés cuya presencia en Alcañiz está documentada en 1663. En esta etapa se elevaron las cúpulas del crucero y de la capilla de la Virgen, modificando considerablemente la imagen del santuario.

El siglo XVIII también dejó una de las intervenciones más singulares del conjunto, el aventador. Se trata de una construcción monumental, con una rampa de unos 102 metros de longitud y seis de anchura, que Baquero considera especialmente destacada por su carácter escenográfico.
«Es una obra puramente barroca por la escenografía, la perspectiva, la gran plaza que se crea», explica. El arquitecto destaca que este tipo de actuaciones eran más habituales en espacios urbanos que en un santuario situado fuera de la ciudad. A estas intervenciones se sumaron la ampliación de la sacristía y la reforma neoclásica del camarín de la Virgen, atribuida a Tomás Llovet, que incorporó nuevos espacios y accesos para los fieles.
Las huellas de la Guerra Civil
La Guerra Civil supuso otro punto de inflexión para el santuario, que sufrió importantes daños. En 1944 se emprendieron actuaciones de reconstrucción bajo la dirección del arquitecto Juan de Peña, dentro de los trabajos de Regiones Devastadas. Las obras afectaron al interior, las fachadas y las cubiertas. También se introdujeron elementos que modificaron la apariencia del edificio, como algunos óculos de la fachada que, según Baquero, corresponden a esta intervención y no a las fases medievales.
El arquitecto ha recurrido a fotografías históricas, publicaciones antiguas y documentación de archivo para reconstruir estas transformaciones. Entre los materiales consultados figuran textos de 1704 y 1739, además de imágenes que muestran cómo era el entorno del santuario antes de algunas de sus principales modificaciones.
Conservar antes que añadir
Más allá de reconstruir el pasado, Baquero considera que su investigación debe servir para reflexionar sobre el futuro del santuario. Recuerda que el conjunto cuenta con elementos protegidos y defiende que las próximas actuaciones se centren en su conservación. En este sentido, señala que existen necesidades de rehabilitación en las puertas, los sistemas de evacuación de aguas y las cúpulas, que presentan daños. Insiste en que estas intervenciones deben realizarse con criterios profesionales y respetando la protección patrimonial.







