Toda mi más enhorabuena y felicitaciones a la nueva asociación nacida en defensa de la lengua propia del Matarraña. Tienen un enorme trabajo por delante para su dignificación y conservación, empezando por la normalización de la misma en todos los pueblos de la comarca. No sé qué vocabulario y normas gramaticales escogerán, si las más usuales de Valderrobres, o las de Calaceite, o las de Valjunquera, o las de la Cerollera, o las de Aguaviva; si las de las zonas bajas o altas; si las próximas del Algás o las del Mezquín. Para ello es muy importante un buen trabajo de base recopilando las palabras propias y formas gramaticales de cada pueblo y si pudiera ser las que utilizaban nuestros abuelos y antepasados. El momento es trascendental, puesto que la castellanización o también el estándar catalán avanzan de manera imparable introduciendo nuevas palabras en detrimento de las propias de nuestros pueblos utilizadas en pasadas generaciones. Sería muy oportuno contar con el soporte y colaboración de lingüistas y filólogos de la Universidad de Zaragoza, y también con los oriundos de nuestra zona, puesto que ellos son los especialistas. El tema no es baladí y no sería serio obviar a los profesionales formados al respecto y no hacer caso a sus conclusiones académicas. Como ya he explicado en multitud de ocasiones el nombre escogido para nuestra lengua a mí personalmente no me gusta, pero es también para mí lo menos importante. Preferiría, si se le tiene tirria a todo lo que suena a catalán, una denominación como Matarrañenc o Valderrobrí o Calaceità o Queretà, a modo como los de Fraga denominan a su habla fragatí o los de Valencia, valencià, o los de la Vall de Arán, aranés a su preciosa lengua occitana. Lo importante es que haya interés en conservar y recuperar el habla que nos han enseñado nuestros mayores y que como ciudadanos del siglo XXI podamos utilizarla de manera hablada y escrita. Y que en un estado avanzado como el español, europeo, sea respetada y promovida. Sería bueno que el "chapurriau", o como se le quiera denominar a nuestra lengua, se utilizase en los plenos de nuestros Ayuntamientos, en los bandos municipales, en los pregones de fiestas, en la escuela, en el instituto, en las misas de los domingos y actividades religiosas, en los letreros indicadores de las carreteras, etc., etc., o sea en el cada día de los vecinos de nuestros pueblos. Nuestra lengua al igual que la castellana es preciosa y se merece el mismo trato. ¿O no? ¿O somos de segunda? ¿O somos algo raro y curioso como alguna de las pocas tribus que quedan en el África que todavía no saben escribir en su lengua materna? Por ello todo mi soporte a la nueva asociación y al enorme trabajo que tienen por delante, siempre que su objetivo sea conservar, recuperar y dignificar nuestra habla. La lengua propia y secular del Matarraña.