Teruel es hoy la única capital de provincia peninsular que no tiene una conexión lógica e íntegra de alta capacidad con Madrid: una vez más, la excepción es Teruel.

Por otro lado, Alcañiz tiene dos capitales de provincia más próximas que la suya (Zaragoza y Lérida) y Valderrobres, hasta cuatro (a estas se suman Castellón y Tarragona).

Con estos datos sobre la mesa, ¿de verdad alguien cree que este Gobierno, y los anteriores, tienen el más mínimo interés en conectar Alcañiz por autovía? La A-68 es una más de las muchas falsas promesas que resurgen cada cuatro años en campaña electoral.

Puede que exista interés en desdoblar el tramo próximo a Zaragoza, el de Quinto y Fuentes, por su mayor densidad de tráfico y porque allí se concentra una parte importante de los accidentes graves y mortales. Interés, quizás; prisa, vista la marcha de las obras, parece que ninguna.

La pregunta es: ¿merece la pena seguir reivindicando la A-68 en clave ideológica, solo para justificar movilizaciones populistas? Podemos seguir pidiendo peras a los olmos (no me refiero a los de La Mata) y dejar que nos engañen unas cuantas décadas más, cuando todos sabemos que no hay dinero ni voluntad política para construir 100 km de autovía.

O podemos plantear una alternativa inmediata que mejore la seguridad y la capacidad de la carretera, mientras la A-68 llega (si es que llega, algo que, en todo caso, disfrutarán las siguientes generaciones): me refiero a una propuesta que, creo, nadie ha planteado para este eje y que ya se utiliza en multitud de países de nuestro entorno: las carreteras 2+1. El propio Ministerio de Transportes ha tomado esta solución como banco de pruebas en un tramo riojano, precisamente, de la N-232.

La fórmula es sencilla: dos carriles en un sentido y uno en el contrario durante varios kilómetros, alternándose periódicamente y separados por una barrera central, con lo que desaparece la siniestralidad por colisiones frontales en adelantamientos o distracciones; además, se eliminan otros puntos de riesgo al evitar las travesías y los cruces al mismo nivel, que se resolverían mediante variantes y rotondas.

Es verdad que las carreteras 2+1 no son perfectas ni alcanzan el nivel de seguridad y confort de una autovía, pero se acercan mucho por una fracción de su coste, ya que permiten aprovechar la plataforma existente sin necesidad de expropiaciones ni de ampliar puentes u otras infraestructuras.

Hasta Fuentes parece razonable la autovía; desde Fuentes hasta Alcañiz, una carretera 2+1 reforzada; y hasta Morella y Vinaroz, una 2+1 donde la orografía lo permita.

Pese a todas sus ventajas potenciales, los políticos no las quieren e insisten en la opción de las autovías. Si fuera mal pensado, diría que, a mayor presupuesto, mayor es la tentación; si fuera bien pensado... no se me ocurre ningún argumento para oponerse a una solución rápida y viable económicamente, capaz de evitar más ramos de flores colgando de los quitamiedos.

El debate no debería ser autovía sí o no; tampoco todo o nada.

La verdadera pregunta que me hago, con pena y rabia, es sencilla: ¿cuántos muertos más hacen falta para que dejemos de esperar lo imposible y empecemos a hacer lo necesario?

José Luis del Valle