El retraso de la A-68 es una vergüenza que el territorio lleva demasiado tiempo soportando. Que los alcaldes tengan que volver a organizar movilizaciones para reclamar una infraestructura tan necesaria refleja el fracaso de una respuesta política incapaz de acompasar sus compromisos con las necesidades de nuestros pueblos.
El mismo lunes en que el presidente Pedro Sánchez anunció la convocatoria de elecciones generales, los representantes municipales y comarcales se reunieron en Fuentes de Ebro para reactivar la Plataforma A68-Ya. Acordaron siete concentraciones entre noviembre y mayo y reclamaron avanzar simultáneamente en los tramos pendientes hasta Valdealgorfa. Esa coincidencia sitúa una exigencia concreta del territorio en pleno arranque de la confrontación electoral.
La unidad de los alcaldes merece reconocimiento. Compartir una reivindicación por encima de las siglas implica asumir que los intereses de los vecinos deben pesar más que la comodidad de cada partido. Esa posición tendrá especial valor durante las próximas semanas, cuando resulte más tentador señalar al adversario que exigir respuestas a los propios. Mantenerla después de las elecciones será la prueba de su firmeza.
La A-68 debe ocupar un lugar prioritario en los compromisos de quienes aspiran a gobernar. Cada candidatura debería explicar qué actuaciones impulsará y con qué financiación, ofreciendo plazos que permitan comprobar su cumplimiento. El Gobierno que salga de las urnas tendrá que asumir esta deuda con un territorio que necesita conexiones seguras para sostener su actividad económica y facilitar la vida cotidiana. Es inadmisible que los proyectos sigan en un cajón y el único tramo en obras acumule 20 millones de sobrecoste y años de retraso. El coste de la demora recae sobre quienes utilizan esta carretera, su progreso y el de las empresas que necesitan transportar sus productos. Hablar de vertebración territorial obliga a atender estas necesidades con decisiones presupuestarias.
Las movilizaciones merecen el respaldo del tejido social y empresarial. La fuerza de esta reclamación dependerá de una unidad sostenida, capaz de exigir avances gobierne quien gobierne.
Editorial.

