Caminamos hacia unos veranos cada vez más cálidos, que de hecho ya lo son. Sin ir más lejos, junio de este 2025 fue récord de temperatura media máxima en muchos puntos de Aragón y del resto de España desde que existen registros. Julio se ha comportado, pero la semana que viene ya tenemos otra ola de calor para dar la bienvenida a agosto y podría aburrir con decenas de récords de temperaturas medias y absolutas pulverizadas en estos últimos 15 años.

Por ello, y para afrontar la nueva realidad, tenemos que adecuar nuestros pueblos, viviendas y centros de trabajo a veranos más cálidos. También nuestro ocio, y ser conscientes de la vital importancia de instalaciones como piscinas, el bien preciado que supone el agua, una correcta climatización y, en un territorio turístico como el nuestro, ofrecer planes que se adapten a máximas que con mayor frecuencia ya rebasan valores de entre 35ºC y 40ºC.

Por ello no es baladí que un pueblo pequeño luche por tener unas piscinas dignas. Con unos veranos como los que tenemos en los últimos años, es un bien necesario para ofrecer calidad de vida a sus vecinos y a los potenciales nuevos pobladores. Ahí está el ejemplo de municipios como Arens de Lledó, que toda la vida se había bañado en el río Algars, pero las sequías y los veranos cada vez más cálidos llevaron a afrontar la necesidad de contar con una piscina, que es además única en el territorio por su originalidad.

Una piscina hoy en día no es solo un equipamiento que pueda parecer prescindible. Supone mejorar la calidad de vida de todos, incluidos visitantes, que tienen en el municipio que cuente con unas buenas instalaciones, un nuevo atractivo. El agua es primordial y ahí tenemos pueblos como Beceite y Aguaviva, que gracias a ella cuentan con un pujante sector turístico. Aquí podríamos hablar también de las balsas laterales del Matarraña, pero ese es ya otro tema.

También hemos de afrontar el reto que supone climatizar nuestros espacios ante esta nueva realidad. Ya no sirve la expresión «aquí solo tenemos 4 días de calor». El aire acondicionado es cada vez más necesario, sobre todo en una población envejecida. Echo ahí de menos un mayor fomento o ayuda directa por parte de las instituciones a la instalación de estos dispositivos, que son además muy caros y no están al alcance de todos los bolsillos, pero que ya se han vuelto casi imprescindibles.

También el sector turístico tiene que adaptarse a esta nueva realidad. Si el local y el visitante pasa calor en un establecimiento, evitará ir y se irá allí donde esté fresco. No podemos ofrecer un destino turístico de calidad —y cobrarlo como tal— para que el cliente sude mientras está comiendo o cenando. Hay que actuar como se actúa en invierno: quien va a un establecimiento sin calefacción se irá y no volverá.

Y para ello se necesitan también kilovatios. Los aires acondicionados son costosos y consumen mucha energía. Y en el medio rural tenemos la capacidad de producirla. Pero no debemos olvidar dos principios básicos: que el consumo de energía debe estar al servicio del ciudadano, no al revés, y que su obtención debe priorizar también al ciudadano, en este caso del medio rural. No adaptar únicamente el medio rural y natural a su obtención con un modelo extractivo.

Para ello existen las comunidades energéticas, que ofrecen, con un mínimo impacto, el aprovechamiento de la intensa radiación solar —precisamente en las olas de calor— y el viento durante todo el año, especialmente en invierno. Y más, en un territorio que ha conservado durante siglos su paisaje y que debe continuar defendiéndolo.

Javier de Luna. Meteorólogo