Desde hace 438 semanas, unos siete años más o menos, cada martes, les he acompañado con mi «logoi». En el primero, aclaré: «Para los antiguos griegos, los que formaron el ADN de nuestra cultura, ‘logos’ tenía el significado de ‘palabra’, pero también de definición, explicación, razón. La forma ‘logoi’ designaba la palabra que nos impele a ejercitar el pensamiento propio».
Se trataba de invitarles a pensar conmigo –brevemente– en el tema que les proponía: la cultura, el arte, la guerra, la codicia, el amor, la infancia o la senectud, la política, la educación, la cortesía o la crueldad y la violencia, siempre cosechados de la actualidad. Quería ser un estímulo intelectual, una llamada de atención que, a veces, pecaba de cierto pesimismo. Y bien que lo lamentaba. Aunque mi firme opinión es que aún en el peor de los tiempos, siempre hay alguna luciérnaga de esperanza, aportando su lucecita a las tinieblas que nos rodean... ya sea en Ucrania, Gaza, África central, los inmigrantes, la violencia política... o la inquina política en nuestra asediada España.
No se trataba de oratoria, elocuencia o filosofía, en citas que sugerían formas de vivir mejor, sino de conmover sus espíritus ante las injusticias del mundo, los trágicos errores de algunas personas, la escasez moral de la sociedad y la cultura en la que vivimos. Todo ello desde la humilde postura de cualquier vecino o amigo de ustedes, lo que se dice «a pie de calle», con el sentido común y la decencia como único bagaje.
Era una llamada a aplicar entre nosotros la inteligencia y la bondad que hombres como Montaigne, Marco Aurelio, Russell, Spinoza, Unamuno y Epicuro, entre otros, definían desde la ética y su propio ejemplo: la ‘vida buena’ (no confundir con la ‘buena vida’ como aspiración económica o social: en la vida buena manda la ética).
En fin, por motivos que no vienen al caso, llegó el momento de decirles adiós. Coincidirán conmigo en que vivimos tiempos extraños y algo alarmantes que acarrean cambios a una celeridad nunca antes experimentada. Las nuevas ciencias y tecnologías están cambiando más elementos de la vida cotidiana, social, política, financiera y ética, en unos pocos años, de lo que el curso del tiempo y el desarrollo humano hicieron en los pasados veinte siglos.
Vivimos una forma de existencia que siempre va por delante de sus posibilidades de asimilación. Apenas tenemos tiempo de analizar o comprender un evento cuando el siguiente aparece de súbito alterando a veces nuestro raciocinio y sensibilidad. Cada vez se lee menos y los libros van convirtiéndose en objetos anacrónicos, ya que carecen de la dinámica visual, sensual e inmediatez de una tablet o un móvil. En el tiempo que tardan en leer este texto, la tecnología digital les puede mostrar en pantalla cien noticias distintas. Se trata de una técnica hipnótica y cómoda que proporciona, sin esfuerzo alguno, información y diversión (y a veces, deformación).
Así que gracias a todos los que han leído mis ‘logois’ y redobladas si se han sentido interesados o informados. Adiós.
Alberto Díaz Rueda. LOGOI


Ha sido un placer leerlo. Desde la discrepancia habitual le agradezco sus artículos. Gracias.
Un placer saludarle esta tarde en la biblioteca, D. Alberto, y claro que había leído y me habían llamado la atención sus artículos de opinión. Si ese adiós va en serio, es una pena. Espero que siga viniendo a la biblioteca, donde efectivamente
se ven luciérnagas de esperanza a menudo. Saludos.
Gracias Alberto, siempre fue un placer leer sus articulos.
Gracias por sus ensen̈anzas.
Alberto, no dejas un hueco, que eso es algo vacío que recuerda el pasado; dejas huella que se proyecta en el futuro: desde la afinidad, la complacencia o la disidencia, siempre es un placer leerte y quedarnos pensando con lo valores removidos por tu visión de la realidad, como dices, a veces un poco pesimista.
Nosotros que tenemos la suerte de ser una de las generaciones más afortunadas de la historia de la humanidad, tenemos el deber de mostrar los valores que nos han traído hasta aquí, la lectura crítica y la escritura honesta.
Un abrazo enorme y mucha felicidad en los proyectos que te conduzcan esa mente activa que no puede parar de pensar.