Es costumbre muy española la de visitar diariamente algún bar, por eso hay tantos y variados.
Es la manera más común en España de socializar, frente a la de otros países de pertenecer a clubes o agrupaciones varias, musicales o recreativas.
Al español le ha gustado siempre desayunar fuera de casa; o tomar el vermut, la tapa, el café, e incluso merendar, en el bar de la esquina, cambiando opiniones con los camareros y clientes, que día tras día van tejiendo una especie de red de apoyo y consejo mutuo a base de sincerarse y compartir penas y alegrías, además de las tortillas de patata, las papas bravas y diversas fritangas que salen a diario de la cocina del bar.
Cuando me trasladé a vivir a Madrid busqué bares cercanos a mi domicilio, tanto para comer como para tomar café.
Lugares de esos en los que, como digo, pronto se establece relación amistosa entre los clientes y los que regentan el bar.
Así pasó con la cafetería de Virgen de Lourdes, 40. Claro que eso era lógico que ocurriese, pues estaba contigua a mi portal. Y lo mismo ocurrió con el cercano Mesón La Rueda. En ellos nos veíamos todos los días un arquitecto, un jefe de producción y tres directores de cine, un encuadernador, un carpintero, un tendero, y varios estudiantes, entre los que me encontraba yo.
Frente al gran bloque en que vivía y estaban esos establecimientos rodó Eloy de la Iglesia el inicio de ‘Colegas’; y Pedro Almodóvar hizo vivir en él a sus personajes en la película ‘Qué he hecho yo para merecer esto’, exactamente en el mismo portal en que yo vivía, a la derecha de la cafetería, la en que también yo tomé fotos para usarlas en mi cortometraje ‘El otro Luis’.
Había en la misma calle un pequeño bar de un asturiano que tenía queso de Cabrales, y en busca de ese sabor fuerte y olor intenso nos juntábamos Gustavo Quintana, jefe de producción de ‘Viridiana’; Raúl Artigot, director de ‘El Monte de las brujas’, ‘Cabo de vara’ y ‘Bajo en nicotina’; Pedro Costa, creador de la serie ‘La huella del crimen’ y de la película de la BBC ‘Redondela’; y José Miguel Torallas, arquitecto de los Cines Luna de Madrid; junto a Elsa y María Teresa, mujeres que participaban ya muy conscientemente en la reivindicación femenina.
Y por allí venía también Cirilo, el hijo del dueño del citado ‘Mesón La Rueda’, que acabó montando en el barrio de Malasaña ‘La Vía Láctea’, emblemático lugar de la Movida Madrileña.
Como veis, siguiendo los bares y restaurantes a los que íbamos se puede seguir nuestra historia y biografía, como quedará aún más claro en la próxima columna.
Alejo Lorén


Muy bien, me muero de ganas de leer la segunda parte.