Cuando cambié de barrio y me fui al centro de Madrid, di con el gran comedor de La Casa de Gibraltar, en la misma calle Fomento en la que vivía.
Estaba regentado por quien antes tenía una casa de comidas caseras para obreros y estudiantes en un largo y estrecho local de una bocacalle de San Bernardo, al que me había llevado por primera vez Juanjo Morales (quien fue director de La Comarca) cuando éramos estudiantes. Aquel comedor pasillo nada tenía que ver con el gran salón comedor de La Casa de Gibraltar, decorado con grandes pinturas al óleo. Esa casa regional daba de comer con bonos que le pagaban los servicios sociales del Ayuntamiento a cantidad de personas sin recursos, por lo que su singularidad trascendía el pintoresquismo y se convertía en labor social.
Además de ese lugar en el que se podía comer barato, di con una cafetería de nombre con abolengo, «Astoria», que acabó siendo durante casi cuarenta años el lugar en el que tomaba café a diario.
Con larga barra, muy española, había sido montada por una familia de emigrantes gallegos al regresar de Uruguay, y a ella he estado yendo a tomar café o platos combinados, como ya he dicho, durante los casi 40 años que he vivido en el Barrio de Palacio de Madrid.
Saludos desde aquí a Lito y a Jorge, a los que he visto hacerse mayores a la vez que me hacía yo anciano, y lo hacían sus padres. Y ahora en Caspe voy al Visit, al Plazza, al Mi Café, al Polo, al Deportivo, Los Labradores o al Artillero. Y también al que, según algunos, me corresponde por edad: al Hogar del Jubilado El Plano.
Demasiados lugares para un abstemio como yo.
En Madrid, en las barras, hablaban de los atascos y de la alcaldesa, fuera esta Carmena o Ayuso, y en Caspe comentan de agricultura, de tractores, de cosechas y de inmigración, además de Ana, nuestra alcaldesa. Como ven, siempre se puede encontrar un punto en común: hablar del Ayuntamiento, como decía la revista Hermano Lobo, «haría la semana que viene» del Gobierno.
Salud y felicidad a todos.
Alejo Lorén

