Aguaviva quizá sea el municipio del Bajo Aragón más perjudicado desde hace tiempo por el paso de camiones que transportan la arcilla de las minas de pueblos cercanos hacia Castellón para emplear dicha arcilla en la industria de la cerámica.

Dejando de lado cuestiones pseudoéticas sobre cómo consiguen llevarse la arcilla de esta parte de Aragón para enriquecer a unos pocos, el señor Roig como principal actor en esta película.

Lo cierto es que los pueblos pagan una factura muy alta, y Aguaviva la que más: más de 700 camiones pasan a diario por la población y lo hacen por el medio del pueblo, con el consiguiente peligro para los vecinos y el colegio, en el que apenas pueden seguir las clases por el ruido que ocasionan los camiones.

Estos camiones pasan a una velocidad superior a la permitida y ya han ocasionado más de un accidente.

El alcalde de la localidad, Aitor Clemente, ya comentaba y daba por hecho la construcción de una variante que permitiría a los camiones dejar de pasar por el centro del pueblo.

Yo no vivo en Aguaviva, aunque sí tengo casa, y cada vez que vengo contemplo atónito este dantesco espectáculo que parece no tener fin. ¿Dónde quedaron esas promesas que usted daba por hechas, señor alcalde?

Solo pido seguridad y dignidad para un pueblo que ha caído en el conformismo y que esa variante se llegue a hacer. Sería del mal el menos.

Francisco Rueda Hernández. Correo de Lector