En 1924 el escritor norteamericano Richard Connell publicó «Los perros de Zaroff» donde relataba una cacería «deportiva» cuyo objetivo era un hombre. El cine haría versiones diferentes de cacería de humanos: en 1932, 1943, 1965 (la memorable La caza desnuda dirigida e interpretada por Cornell Wilde, un actor atleta, que se pasa la película huyendo, corriendo vestido solo con un slip, por la selva congoleña, con una tribu entera tratando de cazarlo como trofeo). Más películas sobre la caza de humanos en 1971, 1987 y 2023 (Hostel y la serie El juego del calamar) y la novela «El arte de cazar humanos» de Sidney Masi, con la novedad de que el cazador es un alienígena.
Pero el colmo se lo lleva una de las guerras del nefasto siglo XX, durante el asedio serbio a Sarajevo, paraíso de francotiradores. Claro, dirán ustedes, eso pasa en todas las guerras. Es verdad, pero con un macabro detalle diferencial. En los cuatro años –de 1992 a 1996– de aquella inicua sangría, se organizó un negocio floreciente y muy provechoso para ciertos mandos políticos y militares: la presencia de tipos de varias nacionalidades, rusos, norteamericanos y europeos –con algún español al parecer– que pagaban a precio de oro el «derecho» a convertirse en «francotiradores» colocados en determinadas posiciones con el único objetivo de matar a civiles y soldados que pasaran por las calles aledañas a su «puesto de caza».
La Fiscalía de Milán ha destapado el asunto e investiga sobre la base de un reportaje del periodista italiano Ezio Gavazenni. De ochenta mil a cien mil euros se pagaba por un fin de semana con derecho a asesinar, aunque la tarifa aumentaba si alguno de los objetivos «cazados» era un niño. Vamos, el capricho de fin de semana de un tipo con mucho dinero y ningún tipo de humanidad.
Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit: «El hombre es un lobo para el hombre y no un hombre, cuando no conoce a los demás». Frase del romano Plauto, que luego resumiría Thomas Hobbes. No son hombres, humanos, los adinerados turistas asesinos de Sarajevo. Sus «trofeos de caza mayor» están entre los miles de muertos, soldados y civiles, entre ellos unos 1600 niños, en un episodio bélico que fue otra de las públicas vergüenzas de Europa, como en este siglo lo han sido Gaza, Ucrania, Sudán, etc.
Así pues, observen el ritmo que lleva la degeneración ética humana: a los citados «trofeos de caza», sumen ustedes las muertes causadas por asesinos anónimos, pilotos de drones, encerrados a miles de kilómetros en un búnker tecnológico, en horario de oficina, ante una pantalla y unos mandos letales, bombardeos ultrasónicos... y todo servido en horario «prime time» para que desde la comodidad del hogar uno vea cada día su ración de muerte y destrucción, y cómo algunos líderes políticos preconizan en nombre de sus «ideas» la extinción de personas «diferentes»...
En este escenario obsceno, lo de Sarajevo parece una menudencia.
Alberto Díaz Rueda. LOGOI


Los que hacían y hacen todo esto, no tenían humanidad, ni escrúpulos, ni conciencia, ni, ni, ni…
Pero, que es lo que tenemos «los buenos».
Creo que el mundo se esa quedando sin alma, si es que alguna vez la tuvo.
Gracias por el articulo, quizá sirva para… que alguien la recupere.